Sin competencia, Bukele busca un tercer mandato en febrero 2027
<p>Nayib Bukele, un presidente que ejerce control total del Estado salvadoreño y conocido por sus habilidades de marketing, ha lanzado discretamente su candidatura para un tercer mandato. Solo se han presentado dos candidatos de oposición, cuyos partidos no suman ni siquiera el tres por ciento de la intención de voto.</p>
Leyrian Colón Yuliana Ramazzini
Nayib Bukele ha sido el presidente de facto de El Salvador desde junio de 2024. Respaldado por su alta popularidad y una alianza estrecha con la administración de Donald Trump, cambió la constitución para permitir la reelección indefinida. El pasado diciembre, le dijo a un YouTuber español que, “si fuera por mí, me quedo diez años más”. Pero en realidad, Bukele controla unilateralmente todas las instituciones del Estado y tiene un poder incontestado sobre el futuro político de El Salvador.
Bukele se presentará a un tercer mandato el 28 de febrero con el partido oficial Nuevas Ideas, su proyecto político y el vehículo electoral que puso fin a décadas de pluralismo político en el país. No fue él mismo quien lo anunció, sino su primo Xavi Zablah Bukele —presidente de Nuevas Ideas—, en una publicación en X.
Desde antes de que Joe Biden dejara la Casa Blanca, la comunidad internacional ha evitado criticar la reelección inconstitucional de Bukele, considerándola un hecho consumado. Incluso la débil oposición de El Salvador evita abordar el tema. Sin embargo, sigue siendo un punto de fricción. “Casi todos los países han modificado sus constituciones”, Bukele escribió en X.
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El partido de Bukele cuenta con una mayoría calificada en la Asamblea Legislativa desde 2021, año en que destituyó ilegalmente a los magistrados constitucionales. El oficialismo pasó a controlar la toma de decisiones a nivel nacional. Malcolm Cartagena, experto electoral y coordinador del Centro Político de Acción Ciudadana, afirmó que ese año “se rompe por completo el balance de poder”.
Desde entonces, Bukele solo ha aumentado su control electoral. Redujo drásticamente el número de municipios y escaños legislativos, al tiempo que aumentó la cuota de su partido. Hoy los partidos de la oposición ocupan solo un puñado de cargos en todo el país.
Ahora, Bukele está apostando fuerte por el voto de la diáspora, donde en 2024 recibió casi todos los votos presidenciales. En mayo, como parte de una serie de enmiendas constitucionales, se asignaron seis de los 60 escaños legislativos para representar a los salvadoreños de la diáspora.
Además de la reelección presidencial indefinida, las reformas también permitieron ampliaron el mandato presidencial de cinco a seis años y adelantaron las elecciones presidenciales de 2029 a 2027, mientras Trump aún ocupa el cargo. Nuevas reglas internas de Nuevas Ideas permiten al partido intervenir en las decisiones de los alcaldes. El Estado también se ha negado a pagar la deuda pública a partidos de la oposición.
El sistema de conteo de votos de El Salvador es frágil. En 2024, el presidente del Tribunal Supremo Electoral denunció irregularidades y afirmó que el colapso del sistema de transmisión podría haber sido provocado deliberadamente. Esas acusaciones nunca se investigaron a fondo. Ahora, la nueva presidenta del TSE es Roxana Soriano, miembro del partido oficial y pariente del presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro. “Todo el proceso electoral está viciado y carece de integridad electoral”, dijo Cartagena de Acción Ciudadana.
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Si Bukele completa un tercer mandato en 2033, habrá ocupado el poder durante 14 años, más tiempo que el dictador Maximiliano Hernández Martínez, que gobernó El Salvador de 1931 a 1944. Según el Informe Global sobre Integridad Electoral de 2025, El Salvador ocupa el tercer puesto con la puntuación más baja en materia de integridad electoral de las Américas, después de Nicaragua y Venezuela.
Una encuesta de junio realizada por la Universidad Centroamericana (UCA) reveló que Bukele mantiene un índice de aprobación del 80.5 %, pero también que la mayoría de los salvadoreños cree que criticar al Gobierno puede acarrear consecuencias. Noah Bullock, director ejecutivo de la organización de derechos humanos Cristosal, dijo que el actual sistema electoral fue diseñado “para allanar el camino a la familia gobernante para que se mantuviera en el poder”.
Competir o no contra Bukele
Este panorama ha puesto a la oposición de El Salvador en un dilema. Hasta ahora, solo dos partidos han presentado candidatos presidenciales —el tradicional FMLN, de izquierda, y Arena, de derecha—, mientras que en el partido centrista Vamos hay una división interna.
En entrevistas recientes con El Faro, la única diputada de Vamos, Claudia Ortiz, y la secretaria general del partido, Cesia Rivas, hablaron sobre sus diferencias en visión: si se deben formar alianzas electorales con otros grupos y sectores, independientemente de su ideología.
Ortiz, que abogó por una alianza, afirmó que se enfrenta no solo a “la dictadura” en El Salvador, sino también a diferencias con la dirección de Vamos. La semana pasada, anunció su candidatura a la secretaría general del partido con su planilla, Avancemos.
Por su parte, Rivas sostiene que Vamos debería descartar candidatos con antecedentes en partidos tradicionales. Ella también lanzó su candidatura para la reelección al mismo cargo en su propia coalición, Unidos por El Salvador.
Una señal de la situación de la oposición es el estado actual del FMLN, el antiguo frente guerrillero convertido en partido, que gobernó El Salvador de 2009 a 2019, cuando Bukele asumió la presidencia. En 2024, se quedaron sin un solo escaño en la Asamblea ni una sola alcaldía. De cara a 2027, su candidato presidencial es Rafael Aguirre, un médico y sindicalista que ha criticado los recortes de Bukele en salud pública y su giro hacia la inteligencia artificial.
Aguirre matiza que, aunque no está de acuerdo con la reelección presidencial, ahora es constitucional porque la Constitución salvadoreña ya ha sido enmendada. Calificó el régimen de excepción como una “herramienta constitucional”, aunque “sobreutilizada”.
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“Para mí, varias personas en la dirigencia del FMLN están aliadas con Bukele”, declaró a El Faro Luis Parada, candidato presidencial para 2024. “Bukele, para dar una semblanza de democracia y de elecciones, necesita que haya más candidatos”, afirmó.
Arena, un partido derechista que gobernó El Salvador de 1989 a 2009, actualmente cuenta con dos escaños en la Asamblea Legislativa y una alcaldía. El binomio presidencial de Arena destaca por su bajo perfil: la exdiputada Mayteé Iraheta y la funcionaria municipal Verónica Henríquez. En un reciente acto público en el que se anunció la candidatura del partido, la veterana alcaldesa de Arena, Milagro Navas, afirmó que “el miedo es para los cobardes, no para los areneros”.
Se prevé que Arena y el FMLN, sumados, obtengan apenas un 2.3 % de los votos presidenciales, según la más reciente encuesta de la UCA. Bullock señaló que no hay otros candidatos compitiendo porque entre otros factores, bajo el régimen de excepción, “el Gobierno puede detener a quien quiera y no hay ninguna institución que proteja tus derechos”. El año pasado, El Faro concluyó que había más de dos docenas de presos políticos en El Salvador, entre ellos destacados exmiembros de Arena y del FMLN.
Sobre la contienda presidencial, Parada argumentó que “no debería ningún partido político que sea verdadera oposición participar. Si participan, es porque están de la mano con Bukele”.
Ortiz declaró a El Faro que sí quiere presentarse a la presidencia, pero más adelante. “Vamos a estar navegando en momentos donde se mezcla lo autoritario con lo democrático”, afirmó. Pero “la legitimidad y la soberanía provienen del pueblo y el momento por excelencia para expresarlo, pues son las elecciones”. Bukele y sus aliados, añadió, “no pueden controlar la voluntad popular. Entonces, se juegan su legitimidad y saben que se juegan también cómo mantenerse hegemónicos”.
