Opinión/Corrupción

Los camaleones que hereda Gabriel García Luna

En el Ministerio Público existe un problema que se aprecia únicamente cuando se está adentro de la institución. Y este es provocado por quienes he denominado como “Los Camaleones”,

 
Eva Siomara Sosa Pérez

El nuevo fiscal general, Gabriel Estuardo García Luna, presentó ante la Comisión de Postulación un plan de trabajo articulado en 14 ejes estratégicos que definirán el rumbo del Ministerio Público en Guatemala.

Como exfiscal del Ministerio Público, me parecen muy lógicos y predecibles los primeros 13 ejes propuestos, pero me llamó la atención el último eje denominado El Equilibrio Emocional, en el que plantea que es necesario que se monitoree el equilibrio emocional de las personas que laboran en la institución, ya que es un trabajo que conlleva eventos que provocan traumas que al no ser tratados, en ocasiones se traducen en conductas inapropiadas que pueden prevenirse. La salud y el bienestar emocional es fundamental como derecho humano.

En el Ministerio Público existe un problema que se aprecia únicamente cuando se está dentro de la institución. Y esto es provocado por quienes he denominado como “Los Camaleones”: aquellos fiscales que por años han laborado en la institución y se pintan de nuevos colores, según les convenga, para camuflarse al igual que un camaleón cada vez que llega un nuevo fiscal general. El objetivo de camuflarse es acoplarse a las nuevas políticas y sobrevivir en la institución. Se trata generalmente de “fiscales de carrera”, quienes hacen mucho daño en el equilibrio emocional de los trabajadores de la institución.

Durante los años que trabajé en el Ministerio Público conocí a muchos de estos camaleones que aún siguen allí, tal como Cinthia Edelmira Monterroso Gómez, Beronica Judith De León Guzmán –sí, Beronica con B– y Abdi Ariel Guerra, por mencionar algunos.

La fiscal Cinthia Monterroso cobró relevancia internacional durante los juicios contra el periodista Jose Rubén Zamora. Yo la conocí años antes, cuando llegó a la antigua FECI, alrededor de 2016, como auxiliar fiscal de la agencia seis. Se presentaba como una trabajadora ejemplar, pero no tardó en usar su cargo para obtener información sobre el esposo de una amiga y confirmar una infidelidad. El entonces jefe de la Fiscalía, Juan Francisco Sandoval Alfaro, lo denunció formalmente. Con la llegada de Consuelo Porras, esa denuncia se diluyó y Monterroso Gómez encontró su momento: se reinventó como la fiscal de hierro de la FECI, dispuesta a servir al nuevo orden.

En 2016, para ascender a fiscal de sección, realicé el curso correspondiente que exige el Ministerio Público. Allí conocí a otros dos de esos camaleones: Abdi Ariel Guerra Guzmán, nombrado entonces director de la Dirección de Análisis Criminal (DAC), y a la fiscal de sección Berónica De León. Guerra Guzmán llegó al cargo por designación de Thelma Aldana y, en ese período, respaldó las investigaciones que se desarrollaban con apoyo de la CICIG e impulsó la modernización del expediente electrónico para agilizar los procesos. Con el tiempo, esas mismas capacidades las puso al servicio de la “nueva política” que impuso Consuelo Porras.

A Berónica De León la volví a encontrar en 2017, cuando fui nombrada fiscal de sección adjunta de la Fiscalía Contra el Delito de Femicidio, institución creada por Thelma Aldana en 2016. Me asignaron como coordinadora del área de litigio, un cargo administrativo, pero De León me encargó además la investigación y el litigio de una estructura criminal vinculada a seis asesinatos, un caso con abundante material acumulado, incluidas escuchas telefónicas. Lo hizo, a mi juicio, para ponerme a prueba: yo venía de la antigua FECI.

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También tenía a mi cargo la evolución de los fiscales que habían ascendido de auxiliares a agentes y la instrucción clara de ella fue: “si quieren ascenso que les cueste, que trabajen hasta tarde, que vengan los sábados, no les vayas a poner buenas notas” y así, aunque quienes habían ascendido habían sido propuestos por ella misma y, además, eran buenos trabajadores. Los abusos de los que fui testigo fueron muchos, por lo que ante las injusticias decidí presentar una denuncia en su contra ante la Supervisión General, la que lamentablemente fue desestimada. En respuesta, fui trasladada de puesto.

Increíblemente esa misma persona continúa al frente de la Fiscalía Contra el Delito de Femicidio porque igualmente se transformó y se pintó de nuevos colores, para complacer las nuevas políticas de la señora Consuelo Porras. Tuvo la habilidad de acoplarse también a la nueva jefa de la Secretaria de la Mujer, Lucrecia Varinia Vásquez Abadía de Cáceres, una de las mayores impulsadores de la nueva política “pro vida” de la fiscalía. Con todo esto, De León se pintó nuevamente y continúa al frente de la fiscalía, y con quejas de maltrato de sus subordinados.

Los camaleones no se agotan. Rubilia Monzón, fiscal de sección de la Fiscalía de Niñez Víctima, fue nombrada por Thelma Aldana y hoy figura entre las voces que más públicamente respaldan la administración de Consuelo Porras, pese a que su fiscalía no ha dado resultados: las niñas madres menores de 15 años siguen sin respuesta efectiva como víctimas, y apenas el 2% de los casos llega a sentencia. Otro ejemplo es Blanca Lily Cojulum Marroquín, quien ha rotado por varias fiscalías, la última de la que tengo noticia es la Fiscalía Distrital Metropolitana, y que se ha ganado fama de buena jefa a fuerza de “mano dura”.

Por esa razón me llamó la atención ese último eje de trabajo del nuevo fiscal, pues esto es un problema de abusos que afecta el equilibrio emocional de muchos trabajadores del Ministerio Público y que oculta el maltrato que han sufrido por muchos años los buenos trabajadores que realmente sostienen las fiscalías y que sufren las consecuencias de las acciones de los jefes camaleónicos, quienes con el objeto de continuar en sus altos puestos ejercen políticas de opresión en contra de quienes no pueden levantar la voz en contra de esos jefes, que se jactan de tener acceso directo al Fiscal General.

Tengo la esperanza que el nuevo fiscal general, Gabriel García Luna sea consciente de este fenómeno, al haber incluido ese eje transversal en su plan de trabajo. Además es importante que ofrezca las medidas necesarias para atender los traumas que sufren los trabajadores del Ministerio Público por procesar las escenas de los crímenes o por hacer turnos de 72 horas, sumados a los que sufren abusos de esos jefes de carrera que se han vuelto expertos camaleones.

*Eva Siomara Sosa Pérez es abogada y ex fiscal de la FECI

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