Carlos Barrera
Fotogalería / Medioambiente

Salvar un manglar: la tarea de Sísifo de una comunidad tica

Carlos Barrera

Hace más de cuatro décadas, cuando Rebeca Espinoza era una niña, su padre recorría el río Sierpe y los canales del manglar para pescar y pianguar, extraer moluscos de entre las raíces y el lodo del manglar, lo que en otros países de Centroamérica se conoce como curilear. En aquellos años se extraía una tinta del árbol de mangle que se utilizaba para pintar cuero. Así como el padre de Rebeca, cientos de habitantes de los alrededores del humedal de Térraba-Sierpe sostenían a sus familias de la extracción de tinta y madera de árboles de mangle. Adrián, que por aquellos tiempos era un adolescente, chapoteaba por el lodo del manglar buscando los árboles más frondosos para talarlos y vender sus troncos como madera, los más delgados los utilizaba para hacer carbón. La subsistencia de la empobrecida población local, la tala de manglar para salineras que ahora ya no existen y los cientos de hectáreas de cultivo de palma africana a las orillas del humedal que aún hoy siguen siendo explotadas para la producción de aceite impulsaron el cambio climático global, resultando en una catástrofe ambiental en la zona.

El humedal Térraba-Sierpe se ubica en el sureste de Costa Rica, a unos 140 kilómetros de la capital, San José. Se extiende en 30,654 hectáreas en la Península de Osa. De toda esa extensión, más de la mitad pertenece a bosque de manglar: 17, 732 hectáreas, convirtiéndolo en el manglar más extenso de Costa Rica y uno de los más grandes de Centroamérica. Según un estudio de la Universidad de Costa Rica (UCR), los árboles de manglar en esta zona alcanzan alturas de hasta 25 metros y sus las especies están el mangle piñuela, rojo, caballero, botoncillo y negro.

Según una publicación de la UCR, de 2008 a 2016 se desaguaron más de 1,300 hectáreas de humedal para la crianza de ganado y cultivo de palma africana. Según las fuentes locales y reportes de medios de comunicación, los cultivos pertenecen a pequeños productores de la zona que le proveen a la empresa Palma Tica, que fue fundada en los años treinta por la United Fruit Company. En la cuenca del río Sierpe abundan trabajadores acumulando racimos del fruto de palma africana y en los alrededores del humedal hay hectáreas de cultivo de palma.

En 2009 saltaron las alarmas de los investigadores universitarios cuando se toparon con cientos de árboles de manglar muertos en el humedal de Sierpe. Las hipótesis de los investigadores en aquel año fueron dos: que todos los residuos de sedimentos eran desplazados por el río hasta esa zona y que el aumento del oleaje la empujaba hacia el manglar; y, la segunda, que debido al cambio climático el mar ha aumentado su nivel inundando con agua salada las zonas de bosque que deben mantener un equilibro entre el agua dulce y salada. Actualmente dichas hipótesis son respaldadas por el ingeniero forestal Christian Peralta, que trabaja en la zona desde 2018 como coordinador del programa de conservación de manglares con la organización Osa Conservation: “Ese daño es imposible de frenar, ya que no se puede frenar la fuerza del mar. Eso es debido al aumento de su nivel causado por el derretimiento de los polos que ocurre muy lejos de aquí. A largo plazo es algo imposible de revertir, lo único que queda es tratar de reforestar otras áreas para que al crecer el manglar pueda proteger la costa”.

Frente al daño del cambio climático y la tala de árboles que sucedió el siglo pasado, los habitantes de las comunidades de Sierpe, Rebeca Espinoza, el pianguero Orlando y Adrián, recorren los manglares para trabajar en su restauración y han implementado otro tipo de trabajos para explotar menos sus recursos: “aquí estamos tratando de reparar lo que nuestros antepasados hicieron y contrarrestando el daño del cambio climático. Ahora a nosotros, los hijos, nos toca tratar de recuperar lo que se destruyó”, dijo Rebeca durante una plantación de semilla de mangle en una de las regiones que fueron taladas y que 40 años después están tratando de recuperar.


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Salvar un manglar: la tarea de Sísifo de una comunidad tica
Orlando Salazar es un pianguero de Sierpe, tiene 48 años y desde la adolescencia ha recorrido los bosques de manglar del humedal para extraer moluscos y venderlos. Hace 15 años, mientras navegaba en el área conocida como Boca Zacate, notó cómo decenas de árboles estaban muertos, y desde entonces el problema fue en aumento. Ahora Orlando se dedica al monitoreo y reforestación del manglar junto a otros piangueros y piangueras de Sierpe. (Photo: Carlos Barrera)Carlos Barrera

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La zona donde ha muerto el manglar parece como si un huracán hubiera pasado por allí: los troncos son árboles de manglar caídos, de hasta 30 metros de largo. Según los expertos de la organización Osa Conservation, esto ocurre debido al exceso de salinización y acumulación de sedimentos por el aumento del oleaje, que terminan ahogando el manglar.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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El humedal Térraba-Sierpe, donde se encuentra el bosque de manglar, está rodeado por cultivo de palma africana para la producción de aceite. Según una publicación de la Universidad de Costa Rica y el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), en la región se drenaron más de 1,330 hectáreas de territorio colindante al humedal, para dedicarlo al cultivo de palma africana y la ganadería.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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A las orillas del río Sierpe, que forma parte del humedal, hay pequeños muelles donde se acumula el fruto de la palma africana que es extraído de las hectáreas de cultivo de la zona. Para el ingeniero forestal, Christian Peralta, lo ideal sería que se dejaran de explotar esos cultivos: “Para reducir el impacto en la zona por los sedimentos que bajan desde las hectáreas de palma africana, esos cultivos deberían quedar deshabilitados y dejar que la naturaleza haga lo suyo degradándose”.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Rebeca Espinoza y Domingo Álvarez tienen aproximadamente cinco años de invertir tiempo en la reforestación del manglar. Lo hacen en las zonas donde hace años se taló para el uso de la madera. Con la ayuda de organizaciones ambientales, han reforestado más de 200 hectáreas de manglar.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Rebeca Espinoza recorre los manglares de Sierpe para recolectar semilla de árbol de manglar en la zona conocida como Boca Guarumal. Esas semillas son plantadas en áreas de recuperación donde hace décadas se extrae la tinta de la corteza del mangle para la industria del cuero, trabajo al que se dedicaba su padre. “Somos conscientes del daño que nuestros padres hicieron en el manglar y por eso ahora tenemos la responsabilidad de intentar recuperar algo”, dijo.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Semillas de mangle rojo y piñuela recolectadas en Sierpe. Las asociaciones de piangueros de las comunidades se han organizado y, según la Asociación de Piangueros Térraba-Sierpe, han sembrado más de 42,000 semillas de los diversos tipos de manglar que se encuentran en la zona. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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En las áreas de manglar recuperadas, el monitoreo es constante. Los piangueros, con ayuda de expertos ambientales, miden la altura de los nuevos árboles, sus troncos, y revisan en una placa la fecha en la que fue cultivado. Como en la imagen, se verifica los tipos de moluscos que están creciendo. Entre más especies se encuentran en un radio, significa que el manglar está creciendo de forma sana.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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El humedal Térraba-Sierpe está bajo la jurisdicción Sistema Nacional de Áreas de Conservación de Costa Rica. Al ser un área protegida, el SINAC ha impuesto restricciones dentro del manglar. Entre ellas, la extracción del molusco piangua. Los piangueros solo pueden extraer 350 moluscos diarios durante 20 días por mes. Las cuentas se llevan en una tarjeta que luego los piangueros entregan a su cooperativa para llevar el conteo de cuánto se extrae y tratar de mantener un equilibrio. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Durante años, Domingo Álvarez, Rebeca Espinoza y Adrián Torres han vivido de lo que el manglar les da. Adrián, 67 años, vivió la época en la que se deforestaba el manglar para extraer la tinta para el cuero. Los padres de Domingo y Rebeca, al igual que Adrián, talaron cientos de árboles en búsqueda de la preciada tinta. Décadas más tarde, y con el avance del oleaje sobre el manglar, los tres se han impuesto una meta: reforestar y subsistir menos de lo que el manglar produce.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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La Asociación de Piangueros Térraba-Sierpe busca nuevas formas para depender menos del manglar. Desde hace un año, iniciaron un proyecto de apicultura con el que instalaron colmenas dentro del manglar, para producir miel para consumo propio y venderla desde la cooperativa. Por ahora, el consumo propio les ahorra en gastos de la compra de azúcar a los hogares de los piangueros y esperan que en 2027 se logre producir una cantidad para vender.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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El humedal Térraba-Sierpe ha sido por décadas  un lugar con tradición de piangueros. Orlando dice que es imposible desligarse del entorno del manglar y subsistir del lugar respetando el ecosistema: “me preocupa el futuro de este lugar, porque aquí hemos crecido durante generaciones, y mis hijos están creciendo aquí también. Si no cuidamos el manglar, nuestros hijos o mis nietos no tendrán un lugar que les dé un poco de sustento”, dijo mientras regresaba de una jornada de monitoreo junto a su hijo Neymar, de 11 años. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Desde 2018, las comunidades de Sierpe y las cooperativas de piangueros junto a organizaciones ambientalistas que trabajan en la zona, han recuperado al menos 250 hectáreas de manglar. El manglar ha perdido 9.83 % de cobertura, equivalente a 3.73 kilómetros cuadrados, según una investigación de la UCR. Para los expertos la zona es imposible de recuperar: “Allí, prácticamente no se puede hacer nada, el mar va a seguir subiendo y creando más tierra y playa donde no la había. Es algo que no se puede parar”, dijo el ingeniero forestal Christian Peralta, de Osa Conservation.(Photo: Carlos Barrera)El Faro