Carlos Barrera
Fotogalería / Medioambiente

“En Cedeño solo queda destrucción”

Carlos Barrera

La historia de Cedeño tiene dos momentos fundamentales para los habitantes y se transmite desde los viejos que vivieron las que consideran mejores épocas, cuando había hoteles y restaurantes de dos niveles frente al mar; cuando el manglar parecía intacto y camaroneras, salineras y ladrilleras no habían talado hectáreas de bosque.

Hoy, en la aldea ubicada a 175 kilómetros de Tegucigalpa, en el Golfo de Fonseca, el paisaje es desolador. Allí viven unos 5,000 habitantes que se dedican a la pesca artesanal.

En Cedeño, cuando la marea baja se dejan ver las ruinas de las que un día fueron casas habitadas por pescadores y curileros. Casa habitadas por mujeres que se ganaban la vida vendiendo comida a los turistas en ramadas hechas con troncos de mangle rojo ubicadas frente al mar, e incluso por laboratorios de producción de camarón que algún día erigieron sus bases frente al océano.

Don Arnulfo Lagos, de 90 años, tiene una memoria privilegiada de lo que ha ocurrido en Cedeño. Llegó a la zona costera del Golfo de Fonseca en los años sesenta, poco antes de que la industria camaronera se instalará en los manglares de la zona. Recuerda que había pocas casas y chozas frente al mar. Diez años después, según la Alianza Hondureña ante El Cambio Climático, empezó la tala de manglar para construir camaroneras y salineras y, para 1998, el mar había avanzado en la costa de Cedeño unos 300 metros.

Honduras es uno de los países más vulnerables al cambio climático a nivel mundial: un estudio de la organización alemana Germanwatch realizado de 1997 a 2017 lo ubicaba en el puesto número dos de países más propensos a daños a causa de fenómenos climáticos.

Según Amnistía Internacional, el aumento del nivel del mar y la pérdida de línea costera en el Golfo de Fonseca han afectado el derecho a la salud, educación, alimentación, y a una vivienda adecuada para quienes habitan esas zonas de impacto. Varios informes señalan que más del 52 % de la cobertura de manglar que una vez existió en Honduras ha desaparecido también debido.

Para la gente de Cedeño, cambiar de ubicación sus casas se ha convertido en una norma. Se alejan del mar que avanza año con año, devorando lo que se encuentra. Hay quienes se han mudado a unos cinco kilómetros del lugar original donde un día estaban sus casas. Hoy, al menos unas 990 personas necesitan ser reubicadas fuera de la comunidad en la que nacieron.

Expertos consultados por El Faro han dicho que, si en dos años no hay un plan de reforestación y educación sobre el funcionamiento del manglar, se perderán decenas de metros de costa y más familias se convertirán en desplazadas climáticas.

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“En Cedeño solo queda destrucción”
Las bases de lo que hace más de 15 años era un laboratorio de producción de camarón aún están de pie en la orilla de la playa de Cedeño. La construcción se hizo a decenas de metros lejos de las olas, pero con el paso del tiempo y el aumento de las mareas la fuerza del mar alcanzó la estructura y la destruyó.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Isaías Ávila, al igual que toda su familia, vive de la pesca y de la extracción de moluscos. Es curilero. Cada vez se hace más compleja la búsqueda de la zona donde se encuentran las conchas que luego venden en el mercado local. Para el Ingeniero en ciencias marinas Marco Osorto-Núñez, eso tiene una explicación: “Cuando los manglares mueren, el territorio pierde su flujo hídrico natural, se pierde la capacidad de limpieza y se vuelve totalmente salado cuando debería de ser una mezcla de agua dulce y marina. Así es como muchas especies mueren”.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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El líder comunitario Dagoberto Majano, 65 años, tiene el más antiguo mapa de Cedeño. El documento se cae a pedazos por la antigüedad y, sobre ese papel, Dagoberto señala calles, edificaciones y su antigua casa que ahora ya no existen. “Ya para finales de los setentas, mi padre me decía que un día todos nos íbamos a ir de la costa de Cedeño por la fuerza del mar y eso está pasando”, dijo. Dagoberto vive a cinco kilómetros de distancia de donde un día estuvo su primera casa. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Hace dos años, el nivel del mar alcanzó la casa donde vivían Omar Hernández, Ingrid Martínez y sus hijos. La casa hecha de troncos de mangle rojo cedió ante la fuerte marejada que se llevó todo. Ahora están desplazados a más de cinco kilómetros de la costa y han construido una champa con troncos de árbol de manglar y plástico.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Keiry Álvarez, 30 años, trabaja de curilera en los manglares que rodean Cedeño. Recolecta al menos 300 moluscos a la semana, lo que le generan unas 300 lempiras (unos 11 dólares semanales) con las que debe mantener a sus seis hijos. Keiry tiene seis hijos y viven en una choza de plástico. Un informe de Amnistía Internacional sobre las condiciones de vida de las familias de Cedeño las toma como muestra de la situación de Honduras, donde más de la mitad de la población vive bajo la línea de pobreza.(Photo: Carlos Barrera)El Faro
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Desde 1965 a 2024, Honduras ha perdido 68,766 hectáreas de bosque de manglar. De esas, 54,409 se perdieron en el litoral pácifico, con mayor impacto en el Golfo de Fonseca. En esa región, la acuicultura, específicamente las camaroneras, cumplieron un rol importante en la tala de miles de hectáreas de manglar. En la fotografía se observa el área natural conocida como Las Iguanas y Punta Condega, que son los manglares que rodean a Cedeño. Allí donde antes hubo manglar, hoy hay lagunas de crianza de camarón.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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En Cedeño y la costa del Golfo de Fonseca, las actividades antropogénicas, intervención humana que impacta el medio ambiente, junto al cambio climático, son las principales causas del deterioro del manglar. Según el Ingeniero en ciencias marinas Marco Osorto-Núñez, es imposible detener la fuerza del mar sin las barreras naturales como el manglar: “Debe existir un trabajo integral entre la comunidad y los gobiernos para evitar la tala masiva, ya que en condiciones de extrema pobreza la madera del manglar se convierte en materia prima para las comunidades’’. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Arnulfo Lagos llegó a Cedeño en 1962, tiene 90 años y se le conoce como la persona más longeva de la comunidad. Cuenta que antes, parte de la comunidad de Cedeño se llamaba Altos del Mar, por el desnivel que existía entre las casas y la costa. Arnulfo ha perdido tres casas desde su llegada en los años sesenta. Ahora vive en la parte más apartada de la costa: “Cedeño era muy bonito, había casas lindas y la gente llegó para vivir del turismo, pero de eso ya nada queda. En Cedeño solo queda destrucción”. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Las imágenes satelitales de la herramienta Google Engine, que se utiliza para ver los cambios geográficos durante el tiempo, muestran el pozo de Cedeño a 140 metros de la costa hasta 2004. Delante del lugar había decenas de casas que ahora están bajo el agua y, según los habitantes, en esa época el mar ya había cubierto más zonas de la comunidad desde los años 90.   (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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En Cedeño no importa cuántas veces las familias reconstruyan las casas. Si lo hacen cerca de la costa, el mar vuelve y las destruye. El Comité para la Defensa y Desarrollo De la Flora y Fauna del Golfo de Fonseca determinó que de 2004 a 2026 el mar ganó 6.13 metros por año en esta costa. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Rigoberto Vaca, 49 años, frente a lo que queda de la antigua casa de su madre en la que él nació y que sería su herencia: “Siempre el mar nos golpea bastante, la casa de mi madre era lo único que teníamos y ahora se ha vuelto imposible vivir en este lugar”.(Photo: Carlos Barrera)EL Faro

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El aumento del mar arrastra toneladas de arena que generan nuevas playas donde no existían. Con el aumento de 6.13 metros anuales, el mar y la corriente han dejado una de las últimas líneas de casas visibles con arena que las cubre casi por completo. El experto Marco Osorto-Núñez afirma que, si en dos años no se trabaja en un proyecto integral de reubicación de la comunidad, decenas de casas correrán la misma suerte y las familias perderán el único patrimonio que les queda. (Photo: Carlos Barrera)El Faro

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En el área natural Las Iguanas y Punta Condega es común observar espacios de manglar donde un día hubo bosque y ahora solo quedan pocos árboles que chocan de frente cuando las mareas suben. El árbol de mangle sobrevive en un entorno salobre, mezcla de agua dulce y salada, pero en un entorno totalmente salinizado los bosques mueren.(Photo: Carlos Barrera)El Faro

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Cuando la marea baja, deja ver toda la fuerza del océano, el concreto de las casas que habitaban residentes de Cedeño queda al descubierto como evidencia de lo que desde hace años está pasando. Los residentes se someten a la idea de que un día el mar avanzará hacia las nuevas casas y las destruirá.