En poco más de un año de mandato, el Gobierno de Donald Trump ha detenido y deportado a más de 675,000, según sus propios datos, que han sido cuestionados por expertos y organizaciones. El principal brazo ejecutor de esta campaña es el Immigration and Customs Enforcement (ICE), un cuerpo policial que se aleja de las fronteras y persigue a los migrantes en las calles y en los barrios donde viven y trabajan.El azote de ICE ha dejado víctimas colaterales: niños que, de la noche a la mañana, pierden a su padre o a su madre. O a ambos. Son las víctimas menos visibles de operativos migratorios como el Catahoula Crunch, que golpeó el Estado de Louisiana a finales de 2025 y principios de 2026.
Esdras tiene 12 años, pero aparenta más. Quizás porque creció en Santa Fe, en pleno Caribe hondureño, uno de esos lugares de Centroamérica donde a los niños se les exige convertirse en adultos muy temprano. A los ocho años le tocó acompañar a su padre en un viaje como indocumentado a través de México. Como a miles antes que a él, le tocó subir a ese tren conocido como La Bestia. Finalmente consiguió llegar a Estados Unidos e instalarse en el Estado de Louisiana. Hace tres meses, su padre fue detenido por ICE y deportado a Honduras, y Esdras López se quedó solo en Estados Unidos con apenas 12 años.La madre de Gael es nicaragüense y tenía una vida construida en Louisiana cuando fue arrestada por ICE. Salía de un supermercado con su hijo de 3 años en brazos y tuvo que entregarlo a una amiga antes de que la subieran a un coche para llevarla a un centro de detención. Cuatro años atrás, Jennyfer Tatiana había llegado a Estados Unidos embarazada para empezar una nueva vida, y lo consiguió. Encontró trabajo, comunidad y oportunidades para su hijo que no habría tenido en el pequeño pueblo nicaragüense de Telpaneca, en Madriz, de donde salió huyendo de la pobreza. Gael nació aquí; es ciudadano estadounidense, pero ni su madre ni su padre pueden vivir con él en este país. En la imagen, Gael juega frente con el teléfono móvil que le ha puesto enfrente la familia migrante que lo acogió, para que escuche la voz de su madre desde Nicaragua. Tras la deportación de su madre, Gael quedó a cargo de una amiga. Pero, como muchas migrantes, la mujer trabajaba todo el día limpiando un hospital y le resultaba casi imposible cuidar de un niño de 3 años. El caso de Gael llegó a oídos de Leticia Casildo, activista hondureña en favor de los migrantes, que decidió hacerse cargo de él. Durante meses, Gael ha vivido con Leticia y su esposo y también activista, Mario. Tras meses bajo su cargo, les llamaba papá y mamá. El 27 de marzo de 2026, tras meses de trámites legales, Gael pudo viajar en avión de vuelta a Nicaragua y reunirse con su madre.El pueblo de Slidell, a unos 50 kilómetros al norte de New Orleans, ha sido uno de los epicentros del operativo de ICE en Louisiana, Catahoula Crunch. En esta zona, muchos migrantes viven en parques de trailas, como les llaman los migrantes, casas móviles con precios que pueden asumir. La operación oficialmente ha terminado, pero los arrestos de ICE en esta zona continúan como un goteo casi diario. Aquí es común ver casas vacías y coches abandonados que una vez pertenecieron a migrantes deportados por ICE. La activista a cargo de reportar la actividad de lo ocurrido en esa zona calcula que en lo que va del año ICE se ha llevado a unos 25 habitantes de ese parque donde hay unas 150 trailas. Leticia Casildo se ha convertido en una madre para Esdras y Gael. Duermen en la misma casa, se mueven juntos, comen juntos, van juntos al parque. Gael se refiere a ella como mamá. Esdras, no, pero la respeta como si lo fuera. Ambos niños quieren regresar a Centroamérica con sus familias pero, por extraño que parezca, el sistema migratorio lo impide. Para ello necesitan pasaportes hondureño y nicaragüense, respectivamente, algo muy difícil de conseguir para dos niños que viven a miles de kilómetros de sus padres.Los vídeos de los arrestos llegan a menudo a los grupos de WhatsApp de la comunidad migrante. Muchos se refieren a ellos como “secuestros exprés”, porque eso es lo que parecen. Coches sin identificación rodean el vehículo de un migrante. Hombres encapuchados actúan con rapidez: los esposan, los suben al asiento trasero y se esfuman de la escena. Al final suele quedar un coche abandonado, propiedad de un migrante que ya no podrá regresar a buscarlo.Eliam tiene 6 años y autismo en tercer grado, el nivel más severo y que requiere más atención. Es uno de los cuatro hijos de Yosselin hondureña, una mujer que vive encerrada en casa desde que ICE se llevó a su marido en enero de este año. Desde que comenzó el operativo Catahoula Crunch, muchos migrantes indocumentados en Louisiana no se atreven a salir a buscar trabajo, especialmente aquellos que tienen hijos en casa que quedarían solos si fueran arrestados. Desde la detención de su marido, Yosselin y los suyos fueron desahuciados y se vieron obligados a irse a vivir con dos hermanas y sus cinco hijos . La casa donde están ahora acumula meses de retraso en el pago del alquiler y están a punto de echarlas. Yosselin confiesa que ha habido días en los que no han tenido nada que comer.Melisa Pérez es guatemalteca. Tiene dos hijas de ocho años y un bebé con una enfermedad degenerativa conocida como enfermedad de Pompe. El pequeño, de un año y tres meses, debe estar permanentemente conectado a una máquina para poder sobrevivir. Melisa ha conseguido que una organización solidaria le instale el equipo médico en casa y cubra el carísimo tratamiento farmacológico, pero el estado del niño requiere su atención constante. El pasado diciembre, agentes migratorios arrestaron al marido y al hermano de Melisa, las dos personas que sostenían económicamente a la familia. Los capturaron mientras reparaban el techo de una casa, durante un operativo que oficialmente estaba destinado a detener a delincuentes. Ahora Melisa se enfrenta a una decisión imposible: si se queda en Estados Unidos, no puede mantener a sus hijos porque no puede trabajar; si regresa a Guatemala, su hijo no podrá recibir el tratamiento que hoy le mantiene con vida.Don Nelson vivió con terror durante meses en Estados Unidos. Desde que los operativos migratorios llegaron a Louisiana en diciembre de 2025, decidió no separarse ni un momento de sus dos hijos, de 5 y 3 años. Le caían las lágrimas cuando los videos de migrantes arrestados llegaban a su teléfono y las piernas le temblaban ante la idea de ser arrestado y dejar solos a sus hijos. Su esposa los había abandonado tiempo atrás, y Nelson sabía que los dos pequeños no tenían a nadie más en Estados Unidos. Al final, el miedo venció. A principios de marzo de 2026, Nelson regresó con sus hijos a Honduras. Sabe que le espera un futuro difícil, posiblemente peligroso por el acecho de las pandillas, pero desde que volvió a Centroamérica una poderosa sensación de alivio se ha apoderado de él.Las videollamadas son algo cotidiano en el mundo migrante, también para el pequeño Gael. Tras ser deportada, su madre volvió a su pequeño pueblo en el interior de Nicaragua y desde allí llamaba a su hijo dos o tres veces al día, para hablarle o simplemente para verlo mientras jugaba. Jennifer siempre quiso que su hijo regresara a Centroamérica para reunirse con ella, pero el proceso legal para conseguir un pasaporte para el niño se alargó durante meses.Mario y Leticia gestionan un negocio de venta y reparación de llantas en un municipio cercano a New Orleans. Los días laborables, los niños los acompañan al trabajo. Esdras aprovecha para aprender el oficio: ya tiene 12 años y, para un niño garífuna hondureño, esa es edad de hacerse útil como trabajador. Pero también tiene muchos ratos libres, y los aprovecha para jugar con el pequeño Gael en el patio trasero del local o para que Mario le enseñe a jugar ajedrez. Los dos niños no se conocían antes de que Leticia y Mario los acogieran en su casa. Tras meses de convivencia, se comportan como si fueran hermanos.Carteles con el lema “ICE out of Louisiana” decoran las paredes del Búnker, la casa rodante que Leticia y Mario utilizan para recibir a niños y adultos migrantes que lo necesiten. El matrimonio hondureño lleva más de 20 años en Estados Unidos y, durante todo ese tiempo, ha dedicado su vida al activismo. “Familias Unidas en Acción”, una organización de apoyo a migrantes que fundaron en 2018, fue clave cuando el operativo Catahoula Crunch golpeó Louisiana, sobre todo repartiendo comida en hogares de indocumentados que no se atrevían a salir de sus casas ni para trabajar ni para comprar.El 26 de marzo, Leticia y Mario entregaron a Gael a una mujer nicaragüense que lo acompañaría en un vuelo de regreso a su país. Leticia lloró durante buena parte del día, pero también fue feliz: “Finalmente, mi muchachito estará en los brazos de la madre que lo parió, de donde jamás debió haber sido separado.”