Daniel Ortega, los chavalos y la tenebrosa máquina del tiempo

<p>El gobierno nicaragüense ha decidido formalmente criminalizar las protestas. La policía disuelve por la fuerza cualquier concentración de disidentes; patrullas de encapuchados abducen a los estudiantes que participaron de las tomas de universidades: algunos son acusados de terrorismo, otros son trasladados al Chipote, donde son torturados e incluso violados. Nicaragua parece haber viajado en el tiempo hacia su pasado más oscuro, donde otra tiranía familiar se aferraba al poder a punta de violencia.</p>

Carlos Martínez