Arrancar la información

Óscar Martínez

Hace unos días estaba en Bogotá, en la Feria del Libro, y mientras convivía con algunos colegas, empezaron a hablar de lo difícil que era “obtener” información en sus países. Repitieron ese desabrido verbo varias veces, nada exótico en una conversación entre periodistas. Pero a mí, a punto de cumplir un año de exilio, aquella palabra me chocó. Me pareció, debo ser honesto, que ya no describe gran parte del trabajo que hacemos, sobre todo cuando se trata de contar la dictadura que nos expulsó. Mientras editaba este número de la Revista de El Faro de Mayo, me puse a pensar cuál es el verbo entonces que me parece idóneo para describir lo que hacemos. Concluyo que es el siguiente: arrancar. Arrancar información, en el sentido de sacar de raíz algo que se resiste a salir, sacarlo a tirones, aunque no pretenda dejarse. Creo que algunas piezas de esta revista describen con elocuencia el acto de arrancar información para entregársela a ustedes.

Hace un año fue mayo de 2025, el mes más represivo de la dictadura de Bukele, cuando, tras una crisis de imagen por unos derrumbes de carretera y la publicación del primer número de esta revista, que contenía las entrevistas de los pandilleros y exsocios de Bukele, Charli y Liro, se desató una persecución que encarceló a Ruth López, a ambientalistas, al abogado Enrique Anaya. Era como si Bukele quisiera mandar un mensaje de hartazgo y dejar claro que ya no había espacio para incomodarlo. Ese mismo mes ordenó a su Asamblea aprobar una Ley de Agentes Extranjeros que dejó a varias organizaciones y medios de comunicación en una cuerda floja financiera, a merced de los designios del dictador. Decenas terminaron exiliados tras aquel mayo que debe quedar en los registros de la historia de El Salvador.

Desde entonces, para más de 50 periodistas exiliados, según la Asociación de Periodistas de El Salvador, ejercer ha sido mucho más difícil. La lucha constante por seguir siendo un sujeto del presente, que tiene información que revelar sobre el régimen que lo corrió del país, es imperante. La búsqueda de no convertirse en un sujeto del pasado, que supo y ya no sabe, que supo sobre un país que dejó y que ya no existe como lo dejó, es angustiante y obliga a buscar creatividad con la mente exhausta. Quizá por eso aquel verbo -“obtener”- que nunca me causó escozor en ninguna conversación esta vez me irritó.

La portada de esta revista está cargada de revelaciones de aquel mayo de 2025 y nos trae detalles del despótico proceso por el que pasaron las primeras víctimas de ese convulso mes: los buseros, que con el tiempo se convirtieron en las víctimas olvidadas de aquella arremetida. Bukele, experto en distraer de aquello que no le conviene, y justo un día después de que terminaran de emitirse los tres capítulos de las entrevistas con los pandilleros, decretó transporte gratuito para todo el país, con la excusa de que eso aliviaría los derrumbes en la carretera de Los Chorros, que limitaban el recorrido hacia el occidente nacional. Su medida, anunciada en un breve tuit, resultó en un caos descomunal del transporte público. Lejos de asumir responsabilidades, buscó culpables y ordenó, como quien se sabe en control de la Fiscalía, arrestar buseros. Los detalles de esos arbitrarios arrestos, que terminaron con uno de los buseros muerto bajo custodia del Estado, se revelan en este número, así como los millones de dólares del erario público gastados en la ocurrencia. El equipo de El Faro arrancó a la dictadura documentos y pruebas que exhiben aquel sinsentido.

El segundo material de la revista tiene todos los galones para haber sido portada de este número: durante años previos a su exilio y meses ya fuera del país, el periodista Gabriel Labrador siguió la tormentosa búsqueda que padres y madres de desaparecidos libran en soledad en El Salvador. Muchas veces, viendo cómo las autoridades, sin prueba alguna, acusan a esos mismos desaparecidos de ser pandilleros. La profunda crónica describe cómo la lucha de hombres y mujeres -principalmente mujeres- llevó al régimen de Bukele a prestarles alguna atención, solo para quitárselas cuando la prioridad fue cazar gente, tras decretado el régimen de excepción en 2022, y de ninguna forma arrancarle huesos a la tierra, que podían ser de alguno de esos desaparecidos. Con paciencia y constancia, Labrador arrancó a la nación que se vende como el país de las maravillas, de los buenos sobre los malos, una naturaleza muy distinta: la de personas abandonadas e incluso perseguidas por intentar ejecutar la más trágica de las búsquedas, la de un ser querido, aunque lo que se encuentre sean huesos.

Junto con el subjefe de Redacción, Sergio Arauz, y el coordinador de fotografía, Victor Peña, arrancamos del olvido a más de 25 políticos que parecieran ser parte de una realidad antigua, cuando ejercieron el poder hace apenas unos años. El acelerado proceso de control de todo el Estado por parte de Bukele y su violento discurso que pretende reconstruir la historia a partir de él mismo, anuló de la narrativa nacional a poderosos políticos de derecha e izquierda que, en muchos casos, con sus errores construyeron el hartazgo nacional que derivó en el poder total acumulado por el ahora dictador. Se titula “Álbum de políticos extintos”, porque lo están. Están extintos como políticos.

En nuestras secciones fijas, el menú es variado. El editorial denuncia con todas sus letras la cínica y desenfadada revelación que uno de los hermanos de Bukele hizo en redes sociales, cuando respondía a otra persona, y explicaba que él, la esposa de Bukele y otra gente revisaban los casos de los miles de detenidos por el régimen de excepción y decidían a quién valía la pena liberar. “¿Cómo, en el país con la mayor tasa de población carcelaria del mundo, esto no es un escándalo? ¿Hemos normalizado ya la dictadura al grado de admitir, como una cosa más, que los Bukele y sus subordinados dispongan al margen de la ley el destino de miles de personas detenidas sin acusación?”, nos preguntamos en el editorial titulado “Un Bukele decidirá el destino de tus hijos detenidos”.

En su pódcast Malas Compañías, nuestro director Carlos Dada nos da un poco de oxígeno y entrevista a Manuel Monestel, músico, sociólogo y etnomusicólogo que ha investigado en Costa Rica el calypso, ese género musical desarrollado en la colonia por negros creoles. El titular, elocuente y juguetón, describe la naturaleza de este respiro que les ofrecemos para salir un rato de la dictadura y la calamidad: “La ironía de Costa Rica es que su héroe nacional y su santa patrona son negros”.

En su columna de audio Cuervo Ingenuo, eso sí, Carlos Martínez vuelve a proponernos ver el lado oscuro de la vida, y recorre algunos actos ocurridos en Gaza, México, El Salvador, para asomarse a lo más nefasto de la humanidad. Por eso, el título es tan directo: “Los Malos”. O, si quiere verlo de otra forma, los riesgos de darle poder o podercito desmedido a unas pocas personas.

En El Archivo de El Faro, y en consonancia con el ensayo fotográfico, les traemos de nuevo a cuenta el reportaje “Las pruebas de cómo Mauricio Funes derrochó dinero público”. Porque ya son años arrancándole información a gobiernos corruptos. Porque seguimos haciéndolo. Porque no dejaremos de hacerlo. Desde el exilio, esa es la promesa para ustedes, nuestros lectores.