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El “no” que cambió el sistema de prisiones de EE.UU. y fracturó a la MS-13

El asesinato de un representante de la Mexican Mafia perpetrado por un marero salvadoreño en una cárcel estadounidense ha dejado a la MS-13 aislada en un penal exclusivo para ella y sin alianzas criminales. Esta historia de un crimen permite entender cómo se reconfiguró el poder dentro de la pandilla tras desaparecer su mando en El Salvador. Y un nombre que los salvadoreños conocen muy bien vuelve a aparecer en escena: Crook. El próximo capítulo de la MS-13 se escribe en Estados Unidos.

Carlos García

 1. Las dos muertes de Beaumont

Uno de los mayores cismas al interior de la Mara Salvatrucha (MS-13) en Estados Unidos se desencadenó por un “no” y por un hombre que no sabe aceptar una negativa como respuesta. Ese hombre se llama Juan Carlos Rivas Moreira y antes su pandilla lo conocía como Stoky.

La biografía criminal de Stoky está marcada desde su origen por disputas al interior de la pandilla. Se inició en 1995 en el departamento de San Miguel, al oriente de El Salvador, cuando las pandillas apenas surgían. Comenzó su vida pandillera en la clica Coronados Lil Cychos, una célula arrastrada desde Los Ángeles en la que pronto se encontró inconforme por considerar que los fundadores que venían deportados de Estados Unidos abusaban de su poder. Pidió que lo “desbrincaran”, o sea que lo molieran a golpes para salirse y crear su propia clica llamada Sailors Locos West Side, donde no aceptaron pandilleros deportados. Al frente de la Sailors pronto contrajo otro problema con la veterana clica Normandie Locos, cuyos miembros violaron a su novia y aquello terminó en un batidero de sangre. La propia pandilla le mató a su hermano “Big Foot” y en venganza él acribilló a dos homeboys de la Normandie. Esa guerra interna de la Mara fue la razón para que huyera de El Salvador y llegara a Estados Unidos en 1998. Desde sus inicios, Stoky demostró su inclinación a resolver los conflictos con sangre, incluso si esos conflictos ocurrían al interior de su propia pandilla.

Para el verano de 2000 estaba asentado en Maryland, en el área de Langley Park. Ahí reprodujo la Sailors Locos, según un boletín del Departamento de Justicia fechado en 2010. Fue de los primeros pandilleros de la MS-13 en levantar una clica 100% salvadoreña en todo Estados Unidos. Moldeó un liderazgo en el que mostró poca piedad y mucha entrega para tejer relaciones criminales con El Salvador. La Sailors Locos se extendió por Maryland, Virginia y Nueva York, al grado de conformar un programa trasnacional independiente, según un documento interno del Centro Antipandillas Trasnacional. Un programa de la pandilla es el conjunto de clicas que se intercomunican con mayor frecuencia y responden a un líder o “corredor”, una manera de organizarse propia de la MS-13 de El Salvador.

Stoky había mostrado talento para el dibujo y en la pandilla acostumbraba a tatuar a sus homeboys. Uno de los pandilleros que lleva en la piel los trazos de Stoky fue un joven del municipio de San Marcos, en El Salvador, que en el verano de 1999 viajó por Los Ángeles y Maryland en búsqueda de prestigio. Había llegado hasta allá para iniciarse en la Hollywood Locos, lo apodaban “Crook”, y su nombre es Élmer Canales Rivera. Crook pasó unos meses en Maryland y ahí Stoky le tatuó con letras góticas “MS” en el cráneo.

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1 - El “no” que cambió el sistema de prisiones de EE.UU. y fracturó a la MS-13
Juan Carlos Rivas Moreira (Stoky) se inició en la pandilla en 1995, en el departamento de San Miguel, cuando las pandillas comenzaron a aparecer. Foto de El Faro: Archivo de Carlos García.


En 2003, Stoky asesinó a otro compañero de pandilla, por considerarlo incapaz de guardar el secreto de un homicidio cometido por la MS-13. Al año siguiente se cobró la vida de otro, lo que lo llevó a enfrentar el primer caso bajo la ley RICO contra la pandilla. Fue uno de los primeros pandilleros sentenciados a cadena perpetua en Maryland, y potencial candidato a pena de muerte, así como uno de los primeros en ser encarcelado en una prisión federal.

El 30 de enero de 2022 purgaba su condena en la prisión federal de Beaumont, en Texas y estaba esperando con anhelo la respuesta de los señores de la Mexican Mafia (eMe).

La eMe es una pandilla carcelaria creada en 1957 en California y opera en el sistema penitenciario estatal californiano y en el sistema federal. Brinda protección a miles de miembros de origen latinoamericano frente a otras pandillas raciales a cambio de su lealtad y dinero. Dicta códigos de conducta para que las las pandillas que en la calle son enemigas -como la MS-13 y el Barrio 18- convivan pacíficamente en las cárceles y se comporten como una sola pandilla frente a sus rivales de pandillas negras, asiáticas o de supremacistas blancos. Ese pacto carcelario de no agresión se llama Southern United Raza o “SUR” y se trata de un sistema de convivencia penitenciario dirigido por la Mexican Mafia.

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El poder de la eMe es tal que se extiende hasta las calles donde funge como árbitro del crimen. Establece cuáles son los territorios de cada pandilla y regula el quehacer delincuencial de las cientos de pandillas que operan en Los Ángeles, prohíbiendo, por ejemplo, matar desde un coche en movimiento, violar mujeres o atacar un pandillero cuando está con su familia. A cambio exige una cuota mensual para sus tareas reguladoras.

La pandilla que se atreva a desobedecer estas reglas se convierte en objetivo de todas las demás que operan bajo el SUR: es tal el poder de la eMe que puede encender la luz verde a todos los miembros de una pandilla, cuya vida carcelaria se convertirá inmediatamente en un infierno, padeciendo un hostigamiento despiadado que incluye palizas diarias o apuñalamientos. Es por ello que tanto en libertad como en prisión conviene a todas las pandillas de origen latino someterse a las normas de la eMe. Desde que un pandillero cae preso queda en manos de la Mexican Mafia.

A los dirigentes de la eMe se les nombra respetuosamente “señores” o “carnales” y son apenas un puñado de experimentados pandilleros recluidos en los sistemas penitenciarios. Convertirse en carnal es alcanzar el mayor prestigio y poder al que un pandillero puede aspirar, así como garantizar una buena posición económica. Para serlo hay que demostrar por años no solo obediencia e inteligencia, sino gusto por la sangre.

Stoky era “muy querido por la eMe”, asegura un viejo funcionario federal del Departamento de Justicia que lo describe como un pandillero que había puesto “bastante trabajo”, al servicio de los carnales. Llevaba veinte años preso, acumulando méritos para la eMe: imponiendo disciplina, vendiendo droga y mojando el puñal. Era el mandamás de su pandilla en el penal de Beaumont. El antiguo agente federal ligado al caso, sabe que Stoky mantenía comunicación vía telefónica con Ray Martínez, alias Cisco, un miembro de la MS-13 que había ascendido a carnal de la eMe. El agente los oyó debatir sobre qué línea debía obedecer la Mara Salvatrucha-13 en Estados Unidos, o sea si se sometían a la autoridad de la eMe, que gobierna a la Mara en la Costa Oeste, o a la autoridad de la Ranfla Nacional de El Salvador, que controlaba la Costa Este. “La misión era hacer a Stoky mano negra (carnal), así él se quedaba a cargo del East Coast y Cisco del West Coast”, apunta Smiley, un experimentado soldado de la pandilla en Boston.

Para Stoky, ser aceptado como miembro de la Mexican Mafia significaba llegar al escalafón más alto al que podía aspirar en el mundo criminal, pasaría de ser un marero a un carnal con poder sobre sus compañeros y sobre una inmensa base de sureños. Así que esperaba con impaciencia ese momento que le cambiaría la vida para siempre. Pero ese de enero de 2022, la eMe le comunicó su decisión: no. No sería aceptado dentro de sus filas. Un viejo agravio, pero inaceptable para la eMe resurgió. En 2005 Stoky fue acusado en un caso, junto a 27 homies, por haber participado en la violación tumultuaria de dos menores de edad. La eMe creyó que Stoky había encubierto una violación y desobedecido una de las normas más antiguas de la eMe.

Ya hemos dicho que a Stoky no le gusta el “no”, que es un sujeto que no acepta la derrota con facilidad y una persona propensa a resolver los conflictos mediante la violencia, incluso si se trata de conflictos dentro de su propia pandilla. El “no” que dicta la eMe es definitivo. Sus aspiraciones de ascenso se fueron al caño y comprendió con claridad que su carrera criminal se había estancado para siempre.

Stoky estaba a punto de cometer un arrebato que tendría un costosísimo final para la MS-13, pero necesitaba oír el respaldo de alguien con autoridad para apoyarlo ante las consecuencias previsibles. Tomó su celular clandestino e hizo una llamada a aquel hombre al que más de dos décadas atrás había tatuado en el cráneo: Crook.

La ira de Stoky quizá no hubiera tenido una repercusión en todo el sistema penitenciario de Estados Unidos si –a 1,850 kilómetros de distancia–  en El Salvador, el Gobierno del presidente Nayib Bukele no hubiera liberado ilegalmente al multihomicida Crook del penal de máxima seguridad de Zacatecoluca, en noviembre de 2021, cuando debía 40 años de prisión por una violenta camándula de delitos, y estaba solicitado en extradición por las autoridades de Estados Unidos. Se trataba de uno de los mayores líderes históricos de la MS-13, preso desde junio del 2000, muy dado a resolver los problemas de la pandilla con asesinatos. Crook se caracterizó por mantener comunicaciones constantes con funcionarios públicos para negociar.

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Esa llamada generó una crisis profunda al interior del sistema penitenciario federal de Estados Unidos y de la propia Mara Salvatrucha-13 que al día de hoy continúa sin poder resolverse. Pero también terminó dejando a la pandilla más conocida del mundo, esa de la que Donald Trump ha hablado innumerables veces y ha catalogado como terrorista, como una apestada entre las pandillas de Estados Unidos. El gran viaje de la Mara Salvatrucha-13, desde que aquellos jóvenes que huían de la guerra civil salvadoreña la formaron en los ochentas, vuelve a sus orígenes, y el mando que durante muchos años estuvo en El Salvador regresa a Los Ángeles, a sus normas antiguas.

Durante los tres años que llevó reconstruir esta historia se entrevistó a más de diez pandilleros tanto en prisiones estadounidenses como en libertad, ubicados en suelo mexicano, hondureño y norteamericano; funcionarios federales de Estados Unidos, expedientes judiciales; reportes clasificados del FBI y del Buró de Prisiones estadounidense; correos de la Policía Nacional Civil de El Salvador filtrados a través del colectivo Guacamayas;  solicitudes de información pública; mensajes internos de la MS-13 y reportes oficiales y hemerografía.

* * *

Cuando se habla de la Mara Salvatrucha-13 se suele pensar en una sola pandilla, pero no es así. Esta organización guarda elementos, ritos, estructuras y estéticas idénticas en Centro y Norteamérica. Sin embargo, en cada país opera y se organiza de manera diferente y autónoma, por lo que la MS-13 no es una estructura con una sola línea de mando a nivel mundial. Tan sólo en Estados Unidos existen dos sistemas: la línea original de Los Ángeles, donde fue creada a inicios de los 80; y la de influencia salvadoreña, principalmente asentada en estados de la Costa Este, como Nueva York, New Jersey o Washington D.C. La MS-13 de Los Ángeles recibe protección al interior de las prisiones de California, regula su conducta a través de un mandato impuesto por la eMe, a la que paga un tributo con regularidad. En cambio, la Mara asentada en la Costa Este solía obedecer las órdenes de la Ranfla Histórica o cúpula salvadoreña, encarcelada en su mayoría en el penal de máxima seguridad de Zacatecoluca. Crook era uno de los creadores y máximos líderes de esa Ranfla. Pero el mando salvadoreño perdió toda autoridad luego de que el Gobierno de Bukele rompiera su pacto con esa y otras pandillas en marzo de 2022, cuando la MS-13 cometió una masacre de 87 salvadoreños en un solo fin de semana, como protesta por el arresto de algunos de sus miembros que eran transportados en un carro con placas estatales. Las clicas de la Costa Este no responden más a una autoridad salvadoreña y atraviesan, acéfalas, un reacomodo de poder complejo.

Para inicios de 2022, en el sistema penitenciario federal de EE.UU. miembros de las dos facciones convivían en paz, pero no en completa armonía: muchos de los iniciados en El Salvador y la Costa Este miraban de reojo a sus compañeros de Los Ángeles por tener un comportamiento penitenciario completamente alejado de lo que estaban acostumbrados.

Los del East Coast iban libres por las cárceles estatales de Nueva York, Nueva Jersey, Maryland, Virgina, Texas y otras, sin recibir órdenes o bajar la cabeza ante líderes de la eMe. En el sistema federal todo era diferente: había mareros de ambas costas con maneras de proceder desiguales, pero la paz reinaba hasta que Stoky no aceptó un no.

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Los Sailors en Maryland. Foto de El Faro: Archivo de Carlos García.


El 31 de enero de 2022, alrededor de las 11:30 de la mañana, los pandilleros Dimas Alfaro Granados, alias “Toro”; Héctor Ramírez, “Cuervo”; y Raúl Ernesto Landaverde Girón, “Decente”, entraron a la unidad de seguridad A-A del Security Housing Unit, abreviado como “SHU”, y al que los latinos llaman “el hoyo” o “el zapato”, donde se les tenía prohibido estar.

Ahí se encontraron con Larry Navarrete, alias “Nica”, y Jorge Parada, “Rama”, de la clica Pinos Locos, nacida en el departamento de San Miguel. quienes les entregaron pedazos de fierros afilados. Toro sacó un cuchillo oculto de su zapato, como lo captaron las cámaras de videovigilancia, mientras que al otro extremo, Sergio Sibrián, alias “Anytime”, se dirigía a la celda de Stoky. Segundos más tarde, ambos salieron de la celda. Stoky lo hizo llevando en la mano un periódico enrollado, se acercó a un par de presos y desenvainó un puñal artesanal de entre el papel de noticias.

El día anterior había llamado a Crook, que estaba libre en México. Le dijo que la eMe pretendía cobrarle un tributo a todas las clicas de Estados Unidos, incluyendo las de la Costa Este, lo que afectaría el envío de remesas criminales a El Salvador y, por consiguiente, a su bolsillo; le dijo que quería su aval para arreglar la situación. En resumen, Stoky mintió para obtener la aprobación de Crook.

“De abajo es que vino todo”, afirmó un veterano que solicitó que se le identifique únicamente como miembro de la clica Normandie Locos. “Él (Crook) votó por eso”, asegura. Según testigos, Crook contestó a la petición de Stoky con la pregunta, “Bueno, ¿y vos de qué lado estás?”. A lo que Stoky repuso: “le voy a poner la foto para que vea de qué lado estoy”. El Faro conversó con cuatro pandilleros, uno de los cuales se enteró horas antes de que se realizara el atentado, así como un funcionario federal ligado al caso que confirmaron aquella conversación.

Luego de que Stoky desenvainó el punzón envuelto en papel periódico, lo clavó dos veces en el pecho a Guillermo Riojas, un representante de la eMe, sin que la víctima pudiera siquiera meter las manos. Riojas se desplomó y el resto de mareros lo remataron con más puñaladas en cabeza, corazón y pulmón. Luego se lanzaron contra el sureño Andrew Pineda, a quien acorralaron y propinaron más de 45 puñaladas. Insaciables, hirieron a otros dos presos que cruzaban por ahí como daños colaterales. Iban decididos a comenzar una guerra sin retorno. El ataqué duró sólo tres minutos, según la fiscalía de Texas.

Bastaron tres minutos de aquella pataleta sangrienta para romper el orden establecido durante décadas, para que el sistema penitenciario federal de Estados Unidos sufriera un cambio profundo y también para desatar el caos dentro de la Mara Salvatrucha-13.

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El Buró de Prisiones (BOP) decretó cierre nacional, sin visitas, y con un régimen interno mucho más restrictivo en las 134 prisiones federales mientras las autoridades valoraron qué hacer con una pandilla tan numerosa. Una acción así no se había visto desde los Disturbios de Los Ángeles, en 1992, y enardeció a una población que ascendía a más de 100,000 reclusos en el sistema federal. El BOP asignó a la MS-13 de manera protocolaria como un Security Threat Group (SGT) o Grupo de Amenaza, por representar un riesgo elevado para el sistema carcelario. De ese modo la pandilla pasó a ser un objetivo de la poderosa eMe y de todas las pandillas sometidas al pacto SUR, estimadas en más de 500, y tuvo que ser segregada en una sola prisión. Los mareros cayeron en desgracia, y no solo aquellos que respondían a la Ranfla salvadoreña, sino toda la pandilla. Por primera vez en la historia penitenciaria federal de EE.UU. se dispuso una cárcel exclusiva para miembros de una misma estructura criminal. En El Salvador, cuando en 2003 las autoridades segregaron a las pandillas en cárceles exclusivas, las fortaleció, les permitió crear estructuras de mando a nivel nacional y sofisticar su jerarquía interna. En Estados Unidos, en cambio, esta medida fracturó a la MS-13.

Los miembros de la Mara dejaron de convivir con los miles de pandilleros sureños y recibir su protección en el sistema federal. Ya no compartían celdas, pero tampoco los beneficios que supone estar afiliado a un ejército de matones que facilitan contactos para negocios. Atentar contra el SUR significó una orden de ataque automática e irrefutable contra la pandilla.

La MS-13 fue aislada en un sector de Lewisburg habitado por pandilleros retirados y fuera de las ligas gansteriles. El convivio de cientos de miembros provenientes de diferentes ciudades de Estados Unidos creó más división que unión. Las dos ramas de la Mara Salvatrucha-13 en suelo estadounidense aparecieron para chocar en un mismo espacio y se formó un caos para autogobernarse que generó la mayor deserción de la que tengan memoria varios de sus miembros. “Se pecetearon mucho”, arroja un miembro hondureño llamado Nahún Obed Urbina Pineda y conocido como Dangerous que vivió aquellos días ahí, “no sabría decir una cifra, pero sí te puedo decir que eran muchos, muchos”.

Los pandilleros presos que deciden separarse de la población común y de su pandilla para ser llevados al programa Protective Custody o PC son conocidos como “pecetas”.

El desorden coincidió con el régimen de excepción de El Salvador que tronchó toda comunicación e influencia sobre el país norteamericano, los miembros de la Costa Este perdieron contacto con sus líderes, que estaban incomunicados en penales, huyendo de El Salvador o escondidos del régimen de excepción. Todos los miembros de la Mara pagaron caro el arrebato de Stoky.

“Fue realmente un ataque sorpresa y totalmente inesperado”, asegura el exfuncionario federal ligado a este caso que no quiere revelar su identidad y quien no se explica cómo ni cuándo surgió el problema. La Fiscalía estadounidense señaló que las motivaciones provenían de El Salvador, dado que la relación de la MS-13 y la eMe “comenzó a desmoronarse recientemente, ya que la Ranfla Nacional, el liderazgo de la MS-13 en El Salvador, buscó ejercer mayor control sobre sus propios miembros durante su encarcelamiento en prisiones de Estados Unidos”. El fiscal federal de Texas, Abe McGlothin, fue más conciso al precisar que “los líderes de la MS-13 en El Salvador ordenaron y planearon estos atroces asesinatos a miles de kilómetros de distancia”.

Justo después de los asesinatos de los asociados de la eMe, todos los miembros de la MS-13 fueron segregados sin ninguna explicación en cada uno de los penales federales donde se hallaban, para evitar que fueran atacados. Smiley sufrió ese inexplicable encierro en el penal de Pollock: “Para las tres de la tarde, todos estábamos en el SHU”, recuerda. Él y sus compañeros fueron alojados en la unidad de cuarentena del COVID sin saber qué había sucedido. “Todo mundo estaba qué pedo, qué pasó”, recuerda. Siete días pasaron absolutamente encerrados, provocando la queja de la población general. Cuando reabrieron el sistema, los integrantes de la MS-13 fueron retenidos en sus celdas mientras se ideaba qué hacer con ellos. Muchos estaban enojados, “tri emputados”, subraya Smiley. La incertidumbre reinaba y los mareros esperaban una explicación de afuera para saber cómo proceder. Sin tener información del exterior, padecían una persecución encarnizada que la mayoría no comprendía.

Los pandilleros recluidos en el sistema penitenciario estatal de California, que históricamente han vivido bajo el dominio del SUR, estaban igualmente confundidos. Desconocían si la luz verde les afectaba a ellos o no, por tratarse de un problema en un penal federal. Nadie estaba siendo separado ni tampoco atacado. “Estaba crítico... Porque las juras (la policía) estaban más en uno, porque nos sacaban a nosotros y nos preguntaban a ver si podíamos correr con el SUR, si no había problema con estar con esa yarda (prisión) y todo eso. So, estaban esperando nada más el momento para que los sureños se nos dejaran ir a nosotros o algo así”, recuerda Pedro López, alias “Funny”, miembro de la Mara preso en el penal californiano de Solano.

El arrebato de Stoky costó caro, nadie lo vio venir. “No le dijo nada a nadie”, arroja David Vásquez, alias “Gigante”, preso entonces en el penal federal de Victorville de California, “poniéndonos a nosotros en una posición bien culera, porque nosotros no sabíamos nada”; lo que hizo “no contó con el respaldo de la pandilla”, enfatiza. Stoky y sus secuaces terminaron siendo despreciados. A partir de entonces nunca regresarían con sus homies. Stoky fue enviado a la cárcel de Houston. Su atrevimiento, además de costarle la expulsión de la pandilla y la luz verde por todo el SUR, le sumó una pena más de cadena perpetua a las que ya tenía.

Fue enviado al SHU en la nueva prisión y, estando ahí, según afirma Smiley, varios pandilleros enviaron cartas para informar que había pedido aislamiento. Stoky se despidió desde ahí de la Mara Salvatrucha-13 y luego terminó en el penal de súper máxima seguridad de Florence. “Stoky se llevó a los locos entre las patas y se peceteó (desertor)”, recuenta Dangerous, “vive con un maricón en el hoyo”, dice, para agregar mayor INRI a la reputación del líder caído dentro de una pandilla homofóbica.

2. Lewisburg, la prisión de la MS-13 en EE.UU.

El “confinamiento nacional” en las prisiones federales finalizó para toda la población penitenciaria el 7 de febrero de 2022, pero no para los miembros de la MS-13. El BOP hizo gestiones extraordinarias para designar lo antes posible un penal en cualquier lugar del país como espacio exclusivo para ellos. No podían mantener por siempre a los mareros en unidades especiales, así que el Departamento de Justicia destinó el penal de Lewisburg para albergar a la Mara. Es una vetusta cárcel de mediana seguridad en Pensilvania, construida en los años 30 y conocida por concentrar temperaturas extremas en su interior. Lewisburg era controversial por su brutalidad, pero para inicios de 2022 había sido saneada y sus edificios estaban llenos de reclusos considerados traidores por sus organizaciones criminales. Desde mediados de febrero había comenzado a ser desalojada para recibir a todos los emeeses encerrados en los SHUs del sistema federal. Lewisburg tenía camas disponibles para trasladarlos con prontitud. La decisión de destinar una prisión para un sólo grupo criminal no tenía precedentes en la historia carcelaria de Estados Unidos.

El traslado masivo se dio tras dos largos meses de ostracismo. Gigante no olvida la fecha de su reubicación, la registra con esa memoria de calendario que ha desarrollado con 22 años en prisión. La madrugada del 17 de marzo de 2022, un avión partió desde la base militar contigua a la prisión de Victorville en un vuelo de casi dos horas y con 19 emeses abordo. Aquel trayecto hizo escala en Texas para subir más homeboys y llevar a casi 200 pandilleros al Aeropuerto Internacional de Filadelfia. “A mí y a mis homeboys que estábamos en el West Coast nos llevaron en avión hasta Lewisburg”, dice Gigante desde esa prisión.

No todos los miembros de la pandilla abordaron el avión. Algunos decidieron pecetearse, declararse retirados durante su registro antes de abordar el avión. “Cuando nos iban a juntar, ellos dijeron que no salían, no querían venir y ya los dejaron aparte”, recuerda un homie de Arkansas que venía entre los que abordaron el avión en Texas. Al llegar, Gigante se percató de que compañeros provenientes de algunas cárceles de la Costa Este, como Canaan, Hazelton y Big Sandy, habían llegado pocas horas antes. “Ellos fueron trasladados en bus”, recuerda, “fueron los primeros homies en llegar al penal”.

Smiley llegó la tarde del 31 de marzo en camión junto a casi una veintena de emeeses que, como él, iban atados de pies, manos y cadera. Habían salido un día antes desde la prisión de Pollock en Luisiana. “¡Puta, nosotros duramos 30 horas para llegar a Lewisburg sin parar!”, recuerda entre risas. Eran tres buses grandes de cerca de 60 asientos que iban recogiendo presos en diferentes prisiones. La primera parada fue en la prisión de Beaumont, la zona cero del problema. De ahí levantaron a quienes no participaron en la pegada y luego pasaron por los penales de Yazoo, Bennettesville, Ashland y otros.

Entre abril y mayo de 2022 ocurrieron los últimos traslados masivos, después arribaron los estancados en algún condado que ya habían sido sentenciados. A Lewisburg habrán llegado alrededor de 500 homeboys en esos primeros traslados, de acuerdo con los cálculos de cuatro pandilleros entrevistados que estuvieron ahí. Con la llegada de emeeses desde todos los rincones, el Gobierno estadounidense replicó la práctica extendida en El Salvador, Honduras y Guatemala de concentrar en un penal a una única pandilla.

Al llegar se dieron cuenta de que la cárcel estaba semi vacía. En el área de admisión fueron identificados, registrados, vacunados contra la tuberculosis y testeados contra el COVID. Fueron interrogados por autoridades del Special Investigation Supervisor (SIS), que estaban interesadas en conocer la doctrina que cada marero profesaba: si eran sureños o si buscaban independizarse del SUR. Desde el ataque de Stoky, sospechaban que la división interna de la MS-13 se había radicalziado. Durante la primera noche, Smiley se percató de que cuatro de sus homies habían decidido pecetarse para no volver a estar junto a sus compañeros de pandilla. Desde el primer día en Lewisburg, la MS-13 empezó a erosionarse.

De los once bloques de Lewisburg, a la pandilla le asignaron exclusivamente los G, I y J, cada uno compuesto de tres pisos con 15 celdas en promedio. Las autoridades clasificaron la peligrosidad de los internos en tres niveles: alto, medio y bajo. El bloque I albergó a los de baja seguridad, el J a los de media y el G a los de alta. El Bloque A era para los pecetas de la MS-13. El Bloque B era el transfer o área para los presos que serán transferidos y el SHU se hallaba en lo que llamaban el Bloque Z. Con los presos del resto del penal no coincidirían en ningún momento. Las celdas están diseñadas para dos personas y recubiertas de aluminio en techo, paredes y suelo, lo que hace que las altas y bajas temperaturas se magnifiquen por igual. Corría poco aire a través de una diminuta ventanilla y el calor incrementaba debido a la cercanía con las calderas que calientan el penal, cuyo calor recorre una tubería en el bloque G, siempre ardiente, que atraviesa por la esquina de varias celdas.

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Vista de una celda con el tubo de la caldera que atraviesa de arriba abajo la celda. Foto de El Faro: Archivo de Carlos García.


Al saberse todos reunidos en Lewisburg, hubo una especie de algarabía por haberse hecho acreedores de un penal exclusivo. “Todos pusimos la idea de que nos gustaba”, dice Dangerous. Habían alcanzado una cárcel al estilo centroamericano, atiborrada de emeeses y lejos de otro grupo que les dijera qué hacer. Y aunque las restricciones carcelarias eran duras, “hablábamos por las ventanas, pero contacto físico no había”, apunta Xavo, un antiguo homie que pasó por ahí y pide que no se le identifique con su nombre. Los bloques estaban separados unos de otros y cada celda salía en horarios distintos a tomar el sol. Para comunicarse, se tiraban wilas -mensajes escritos- entre secciones del mismo bloque.

Los primeros meses fueron sufridos. La reclusión era permanente. Tenían apenas una hora para bañarse y tomaban el sol dentro de jaulas de ocho metros cuadrados. No existieron programas educativos ni autorización para revisiones médicas, ni televisión, ni visitas, ni biblioteca, ni beneficio alguno. Las celdas eran pequeñísimas: “imagínate que en esas celdas donde estábamos, para que vos podás caminar en la celda, yo me tenía que subir a la cama y acostarme para que el homeboy se estirara”, dice Tine, preso para entonces en esa prisión. Cada 21 días eran rotados de celda. Al baño eran llevados en pareja, esposados. No existía el contacto con compañeros del mismo piso, tampoco con los del mismo bloque y mucho menos con los de otro. Había prácticas que, por su dureza, se habían prohibido pocos años atrás, pero que el Gobierno estadounidense no tenía intenciones de erradicarlas con la MS-13. Muchos no las soportaron y desistieron. “Los locos comenzaron a meter demandas” por el rigor de las condiciones, dice Smiley. El 23 de mayo, José Armando Rivera Bran, alias “Pantro” de Sailor Locos, alojado en el Bloque G tomó la iniciativa de representar a 63 pandilleros, para interponer una demanda civil en contra el Gobierno de Estados Unidos, el BOP el SIS, la National Gang Unit y un funcionario de esta unidad.

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Celda de Lewisburg por dentro: Tony Byrd / NPR. Foto de El Faro: Archivo de Carlos García.


Esos primeros meses fueron un momento de exploración entre homeboys, donde se desconocía quién era quién y en qué condiciones estaban. “No sabías si estaba limpio o había hablado de más”, recuerda Smiley. Demasiados mareros habían llegado a un mismo lugar y dentro de ese mar de homies arribaron quienes estaban activos, pero también calmados, cristianos, chequeos y pecetas. De todo. Por eso, varios se sorprendieron al toparse con compañeros desconocidos.  “Muchos que llegaron, muchos que no servían, que ya tenían cuentas pendientes. So, esos sí los mandaron al zapato, porque ellos no podían estar con nosotros”, relata Smiley y agrega: “A las dos semanas empezó lo bueno”. La deserción se disparó considerablemente. “Se pecetiaron como a las dos semanas de haber llegado ahí. Estando todos en nuestros niveles, ya empezaron a irse con más ganas”, agrega Xavo. La reclusión en Lewisburg provocó la mayor deserción de emeeses en la historia de Estados Unidos.

La estimación de Smiley y de todos los entrevistados es que casi la mitad de la población de la pandilla renunció a la estructura tras el primer mes de encierro, en una clara señal de que la MS-13 no era una organización tan hermanada como la suelen vender sus miembros.

Las autoridades penitenciarias estaban preocupadas, querían una pronta solución al conflicto en los penales entre la MS-13 y el SUR. A los pocos días de los traslados masivos, agentes del National Gang Unit (NGU) viajaron desde Washington hacia Lewisburgpara encontrar una salida diplomática. Pidieron que cada bloque designara voceros para ser interlocutores entre la pandilla y las autoridades. Nadie quería tomar esa responsabilidad, pero algunos terminaron autopostulándose.

Las autoridades querían saber qué posicionamiento tomaría la pandilla: “Si volver con el SUR o ya separarnos de eso”, dice Smiley.  Todos los bloques estaban de acuerdo con la reconciliación: tenían la voluntad de arreglar el agravio contra el SUR ocasionado por Stoky. Una facción considerable estaba preocupada por la situación en la que se encontraban frente a la Mexican Mafia, principalmente los homies iniciados en Los Ángeles y aquellos que llevaban años en prisiones federales.

Los del bloque D querían el apoyo incondicional en sus decisiones porque muchos de ellos eran vidales, o sea que pasarían el resto de sus vidas encerrados, y lo último que querían era padecer una eternidad en una cárcel sin las ventajas que otorga una pandilla regida por la eMe. “Se habló entonces de solicitarle a las autoridades traer a miembros de la Mexican Mafia a Lewisburg. Se quedó en eso, que la gente quería dialogar”, le comunicaron a Smiley los voceros a través de wilas que pasaron de mano en mano.

Todo apuntaba a que en la MS-13 había consenso para intentar arreglar el asunto por la vía diplomática, sometiéndose a la eMe e intentando resarcir, como fuera, el error de Stoky. Entre finales de abril y principios de mayo de 2022, los voceros volvieron a citarse con los agentes del NGU. Del Bloque J, se presentó Diablito de Coronados Locos, un homie popular, iniciado en El Salvador y con un año de carrera pandilleril en Nueva York. “La misión era que todo el barrio estuviera en la misma página”, dice Smiley. Pero Diablito dijo a las autoridades que luego de cabildear con sus compañeros de bloque lo mejor era olvidarse del SUR, que habían considerado que era más conveniente que los colocaran en prisiones donde no hubiera sureños, sino solo miembros de la MS-13. “El puto cambia de opinión”, dice Smiley, “empieza a revolucionar y empieza a los homeboys que caminaban con él, que a la verga el SUR y a la verga los Mano Negra (los carnales)”. El rotundo cambio de postura hizo rabiar a los otros dos bloques: “Todos nosotros nos enojamos”, dice Smiley, “fue idea de ese hijo de puta”.

A pesar del desacuerdo, los bloques I y G mantuvieron su posición de buscar una reconciliación con el SUR y las autoridades prometieron facilitar ese proceso. Los homeboys insistían en que una solución era trasladar a algún carnal a Lewisburg para hablar con él sobre la situación y llegar a una solución. Pero la propuesta seguía analizándose por las autoridades. Muchos querían regresar a esa dinámica donde se sentían cómodos y donde podían tener sus negocios, aunque fuera bajo el amparo de la eMe.

3. Guerra civil

Con el tiempo, una fractura se trazó al seno de la pandilla. Dos enormes bandos con opiniones diametralmente opuestas brotaron en Lewisburg. Por un lado, quienes querían mantenerse aliados al SUR; por otro, quienes querían trazar su propio destino en el sistema federal de Estados Unidos.

La postura de Diablito de Coronados Locos comenzó a tener eco y varios compañeros tomaron postura. “Éramos prácticamente enemigos pues”, explica Dangerous, “los que estaban en contra, estaban en contra de los locos que estaban a favor del SUR, y así, pues. Había bastante tensión”. Los homies emigrados de El Salvador que formaban parte de clicas originadas en tierra salvadoreña y partidarios de hacer las cosas al estilo salvadoreño, eran principalmente los que se oponían. “Eran los que más se negaban, los que eran de allá de El Salvador”, dice el hondureño Dangerous.

En el Bloque J eran más de la mitad los que pensaban así, calcula el mismo pandillero. Muchos no habían pasado por penales federales, sino que habían llegado de los condados y desconocían el proceder del SUR. Tine es el vivo modelo de esa descripción: se inició en una clica en El Salvador, emigró a Maryland y hace diez años cayó preso en un penal en el que no soportaba vivir bajo el SUR. Para él, los miembros de la emeese han vivido “muchas injusticias” bajo los sureños. Por eso, él y “casi toda la mayoría de los homeboy que estábamos en la J ya no queríamos correr con el SUR. Ya nos queríamos despegar de esa gente y vimos allí la oportunidad”, dice desde otro penal federal que pide omitir. “Estábamos pidiendo nuestras propias yardas (prisiones) y que ya no queríamos correr con los sureños”, recalca.

El otro bando era el de los mareros sureños, que habían intensificado su afiliación desde que años atrás La Mesa, una cúpula de líderes presos en California, y Cisco -el marero ascendido a carnal- buscaron generalizar en todo el país el Programa Los Ángeles.

Este conflicto de ideas fue piedra angular de peleas intestinas. La posición salvadoreña chocó con la estadounidense y, ante la falta de un líder sólido en una organización semi horizontal, comenzaron los desencuentros. Nadie dirigía al interior, todos se sentían poderosos. Las tensiones eran grandes y los dos bandos buscaban imponer la idea de ordenar la pandilla al estilo californiano o al salvadoreño.

“Hubieron varios locos que quisieron revolucionar el barrio contra el SUR (sic)”, arroja Smiley. Se difamaban y se dirigían a los sureños con términos despectivos como “sureyos”. “¡A la verga el SUR!”, gritaban en el edificio J. “Eso causaba bastante tensión en el bloque”, dice Dangerous.  Las clicas de Nueva York y las del Programa Sailors eran quienes más se negaban a someterse al SUR. Los revolucionarios decían que la Mara Salvatrucha debía escribirse sin el 13, que la eMe obliga a poner a las pandillas sureñas en honor a la letra M, la decimotercer letra del abecedario.

Las crispaciones y rivalidades en un espacio colmado de hostilidad orillaron a montones a seguir abandonando la pandilla. Las cifras de deserción siguieron incrementando en Lewisburg, sin importar el bando.

Nadie quería tomar la iniciativa de arreglar las cosas, excepto Cisco. Desde la prisión de Sacramento, California, pidió un sondeo dentro de Lewisburg en la que cada miembro contestara a la sola pregunta: “¿Regresar con el SUR o no regresar?”

Tuvo intenciones de fungir como mediador y “hablar con los homeboys de las federales, pero cuando él mandó a pedirle a los homeboys la opinión de que si se podían calmar, los homeboys le dijeron que no, que se fuera a la verga”, apunta D, un pandillero calmado de la clica 20th Street Locos de San Francisco, California.

Al verse sumergido en todo este caos, el veterano Paul Cortez Jovel, alias Little Man, un hombre que hizo crecer la MS-13 en los 80 en California, luego en los 90 en El Salvador y cuando estuvo preso en Lewisburg, hizo una lista de los principales “revolucionarios” en contra del SUR y la mandó a los líderes de Los Ángeles en libertad. La carta decía que en caso de arreglarse los problemas con los sureños y ser enviados a prisiones con ellos, había que “enfierrarlos”. Diablito estaba apuntado en esa lista.

El grupo con ideología salvadoreña mandó sus inquietudes a la Ranfla Nacional para solicitar su respaldo en la postura anti SUR. La Ranfla estaba desde luego menguada en El Salvador y perseguida en México, pero aún así los líderes salvadoreños respondieron con una wila por mensaje de texto, que llegó a cientos de homeboys y a la cual tuvo acceso El Faro. El texto decía que el problema no era precisamente con el SUR, “sino con algunos homeboys de la USA LA”, o sea, de Los Ángeles. Dejaba claro que la MS-13 era una pandilla sureña desde sus orígenes y que eso no iba a cambiar, pero aceptaba que había “diferente forma de ver las cosas” con sus pares de Los Ángeles, “pero aremos todo lo que está a nuestra alcance Para que esto no yegue a peores. Estamos buscando la solución. Ablando con gente que tiene la potestad de arreglar esto. Y mientras esto sucede se le pide ala población de nuestra clica de la S (El Salvador) que mantengamos el respeto Asia lo que es el sur tengan paciencia estamos trabajando (sic)”.

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5 - El “no” que cambió el sistema de prisiones de EE.UU. y fracturó a la MS-13
Güila enviada por la Ranfla Nacional. Foto de El Faro: Archivo de Carlos García.


La Ranfla Nacional, a pesar de estar siendo embestida por el Régimen de Excepción que estaba en curso en El Salvador desde marzo de 2022, quiso mediar en el conflicto y lo hizo a través de José Wilfredo Ayala Alcántara, alias Indio, y -curiosamente- Crook, el líder cuyo aval desató la disputa. Ambos líderes se encontraban libres por México. Dialogaron con homies presos en los sistemas estatales y llegaron a la conclusión de que un carnal de la eMe, que no fuera Cisco, debía interceder en el problema para mantener objetividad.. Eligieron al carnal Manuel Quintero, conocido como “Snuffy”, de la pandilla Paramount, como intermediario, según decía la wila, aunque en realidad hizo poco para restablecer la paz. Gigante señala que los ranfleros “decían que todo estaba arreglado, pero nadie había hablado con los señores de la federal”. Lo cierto es que la orden de moler a golpes a miembros de la MS-13 sólo estaba vigente a nivel federal y los carnales presos en cárceles estatales tenían poca influencia ahí.

En Lewisburg las condiciones comenzaron a mejorar con algunos beneficios, a pesar de las discrepancias. El derecho a llamadas telefónicas volvió, se permitió comprar productos hasta por 50 dólares en la comisaría, así como pasar algunos minutos ante el televisor y acceder a la biblioteca legal. Los beneficios iban dándose a cuentagotas a tiempo que las investigaciones de las autoridades en torno a la MS-13 avanzaban. De ese modo, salieron llamadas para conocer cuál era la postura de la pandilla en las calles y en las prisiones estatales. Estas llamadas fueron claves para que las autoridades conocieran más a fondo el problema que se vivía al interior de la pandilla, como cuando escucharon en llamadas intervenidas que gente cercana a Diablito pensaban revelarse si eran enviados a penales con sureños.

Las calles se inundaron de dudas y especulaciones. Había versiones contradictorias sobre el estatus de la MS-13 con el SUR. Unos creían que la relación estaba controlada y sin secuelas, otros sostenían que se había tronchado la relación surgida en 1993.

La MS-13 había solicitado a la NGU traer a algunos señores de la eMe a Lewisburg para dialogar, pero los agentes decidieron lo contrario: algunos emisarios de la pandilla viajarían a las prisiones federales de alta seguridad de Victorville, en California; Canaan, en Pensilvania; y Hazelton, en Virginia del Oeste. Los agentes pidieron a la MS-13 ser firmes con la postura de correr el SUR, no querían sorpresas ni versiones contradictorias como las que solían escuchar en las llamadas intervenidas, sostiene el exfuncionario del Departamento de Justicia.

La pandilla enlistó a seis de sus homies más experimentados del Bloque G para ir a dialogar. A principios de abril de 2022, con el auspicio del Gobierno del expresidente Joe Biden, salieron las tres misiones de paz a sus destinos.

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6 - El “no” que cambió el sistema de prisiones de EE.UU. y fracturó a la MS-13
Miembros de diferentes bloques de Lewisburg. Foto de El Faro: Archivo de Carlos Gracía.


La comitiva de Canaan no encontró a ningún carnal para dialogar. En Victorville, estaba el legendario carnal Raymond Shryock alias “Huero Shy”,  pero las autoridades “no nos dejaron hablar con los carnales”, cuenta Gigante. “Fue el Gobierno que no nos dejó, por el rumor de que nos iban a pegar y el Gobierno se paniqueó”. Mientras los homies se encaminaban al penal, la inteligencia penitenciaria interceptó información de que los sureños pensaban atacar a los emeeses.

En Hazelton, la situación se desenvolvió mejor. Al llegar, fueron llevados al SHU, donde dialogaron con los señores Salvador Orozco Hernández, alias “Toro”, y Silvestre Rivera, alias “Chikali”. Todo parecía resuelto: podían regresar a penales federales con población sureña. Sólo se les indicó que Stoky ya no le servía al SUR, “que si no le pegábamos nosotros, ellos lo iban a pegar”, cuenta Smiley. Se acordó entonces que la MS-13 debía deshacerse de él para obtener la absolución de la eMe, asegura Gigante.

Ese lunes de abril, los emeeses serían llevados del SHU hacia la población sureña para demostrar que todo había vuelto a la normalidad. Pero un día antes, un puñado de sureños se pecetearon y revelaron a los custodios el plan para matar a los emisarios de la MS-13. Todo estaba listo para que el lunes fueran acuchillados al salir y saldar verdaderamente la paz entre el SUR y la Mara. Las autoridades evitaron ese atentado enviando a los mareros de regreso a Lewisburg sin ningún acuerdo. Para entonces, Smiley se había convertido en uno de los voceros del Bloque I, junto con Tigre, y escuchó cuando éste preguntó  a los agentes del NGU: “¿Qué sigue?” Las autoridades, molestas por el engaño de los sureños, determinaron quitar prisiones federales a la eMe, para colocar ahí a los emeeses que despreciaban.

4. 19 de diciembre de 2022: el alivio

Con la reconciliación improbable y una marcada división al interior de Lewisburg, el 19 de diciembre la presión en el penal se aligeró. Ese día, por primera vez, el penal abrió todas las unidades para operar de manera regular. Las puertas de cada bloque se entreabrieron y los pandilleros comenzaron a convivir en los patios, pasillos, biblioteca, iglesia, comedor, cuarto de televisión y baños. “Ya nos empezaron a dar un poquito de libertad, ya nos abrían puertas en el mismo pasillo, ya teníamos reuniones un poco. Pusimos palabreros en cada pasillo, entonces los palabreros salían a otro pasillo y hacían reuniones y ahí quedábamos todos combinados, hacíamos meeting y todo el pedo”, explica Dangerous. El libre tránsito se dio exclusivamente al interior de los bloques. Entre uno y otro edificio no había circulación, solo se comunicaban a gritos, de ventana a ventana.Tras diez meses de severo encierro, el penal trajo mayor libertad y el orden dentro de la pandilla se impuso. La hostilidad entre homies disminuyó cuando al poco tiempo llegó una wila de ranfleros salvadoreños que terminó por moderar a los ánimos. “A finales de año recibimos una wila de la Ranfla de aquí de México, de Crook, de Indio, de todos estos vatos”, cuenta Smiley, “diciendo que el barrio es un barrio sureño y por lo tanto nos guste o no tenemos que seguir corriendo como un barrio sureño”.

El mensaje, al que tuvo acceso El Faro, y que se envió por vía telefónica, llegó al interior de Lewisburg donde se leyó en voz alta.“Los homies que están lackiados (presos) en la federal, ellos, al cumplir el tiempo que las autoridades les van a dar por lo que pasó en la federal de Texas, van a caminar en la línea como homies Sureños, ya que los señores han investigado cómo y cuáles fueron las causas que llevaron al homie Stoky a actuar en defensa propia, ya que nosotros les preguntamos cómo estaba la situación de los homies en la federal, para tener las cosas claras y poder darles a ustedes una aclaración concisa”, decía el mensaje.

El deseo de seguir afiliados al SUR se debía a que ranfleros fundacionales habían luchado en los noventa en Los Ángeles para ser considerados sureños, tal y como venía escrito al principio de la wila: “Como sabemos la historia de nuestro barrio, hay muchos homies que han puesto jale desde los principios para poder ser sureños 13 y muchos de ellos están en la S (El Salvador) y unos son parte de la Ranfla de la S (El Salvador)”. Pero, aunque se sentían sureños, la wila insistía en que las diferencias de los ranfleros no eran precisamente con el SUR, sino contra Cisco y La Mesa. A ellos no debían hacer caso, podían correr el SUR en prisiones y calles con toda libertad y seguir iniciando a la gente que quisieran. Sin embargo, decían, ninguna clica podría quitarles su territorio “solo porque no se van a reportar con La Mesa de Los Ángeles, ya que como clicas de El Salvador siempre estaremos corriendo el SUR, tanto en las calles como torcidas (cárceles), todo homie que caiga torcido tiene que caminar en la línea como homie sureño, ya que las diferencias son con el homie Cisco y los homies de La Mesa de L.A. por todo lo que ha venido pasando”.

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7 - El “no” que cambió el sistema de prisiones de EE.UU. y fracturó a la MS-13
Güila enviada por la Ranfla Nacional. Foto de El Faro: Archivo de Carlos García.


En otras palabras, las discrepancias internas de la MS-13 quedaban en manos de Snuffy. Pero la Ranfla salvadoreña aceptaba correr el SUR.

Para prueba de las tareas que el carnal Snuffy estaba haciendo como intermediario, los remitentes de la wila aseguraron que la clica Sailors Locos West Side, a la que pertenecía Stoky, no tenía ninguna sanción y que todas las células con ese nombre esparcidas por suelo norteamericano debían reportarle a El Salvador y no a Estados Unidos. “Se les aclara que ya no se reportarán con programa USA y que el homie Cisco de Fulton y la mesa de L.A. no tienen injerencia con las clicas de El Salvador en la USA, estén en el estado que estén”.

Para terminar, se les solicitaba “a todos los homies de clicas de El Salvador no caer en errores, acciones en las calles, las cuales como homies sureños nos van hacer ver mal, y recuerden que hay reglas, normas, las cuales no podemos quebrar” y los invitaban a no sostener relaciones sexuales con menores edad, aún con su consentimiento, porque en Estados Unidos se consideraba violación, razón por la cual Stoky había sido despreciado por Cisco y la eMe.

La wila dictó la nueva realidad, los líderes de El Salvador zanjaron sus lineamientos y de esa manera en Lewisburg todos tuvieron que cerrar filas con el SUR y retomar el número 13 como identidad. La Mara Salvatrucha-13 quedó supeditada al Programa SUR. Fue una decisión forzada. La postura de El Salvador motivó a algunos de los revolucionarios a calmarse y a pecetearse por no tolerar la instrucción. “Muchos viejos se fueron, no quisieron seguir el programa”, cuenta Tine. Eso ocurrió con el revolucionario Diablito que “cuando escucho que íbamos a volver con el sur se pecetió”, según Dangerous. Para finales de diciembre, en Lewisburg quedaban 286 miembros activos, de acuerdo con una solicitud de información hecha al Buró de Prisiones a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA por sus siglas en inglés).

Con el paso de los meses, la captura de miles de mareros por el Régimen de Excepción en El Salvador cortó la influencia de la Ranfla Nacional en la política de la MS-13 en Estados Unidos.

En cambio el mensaje de La Mesa de Los Ángeles fue severo: “el que no se quiera adaptar al SUR, pues tiene luzón”, resume Dangerous. Los líderes de la Mara Salvatrucha en Estados Unidos decidieron asesinar a los revolucionarios en cuanto fueran enviados a prisiones con sureños. No sólo quedaron amenazados, se les obligó a cambiarse los tatuajes. “Nos mandaron una wila que todo aquel homeboy que tuviera las letras, era mandatorio que se hiciera el número (13), y todo el que tuviera el código (503), borrárselo”. 503 es el código telefónico de El Salvador. La Mesa de Los Ángeles aprovechaba el momento de capa caída que vivía la Ranfla de El Salvador, con sus líderes incomunicados en cárceles, sus miembros escondidos y solo algunos ranfleros aún libres en México, pero buscados por las autoridades estadounidenses, pues formaban parte de los 27 líderes de la pandilla requeridos por la justicia estadounidense y acusados de delitos como terrorismo.

En Lewisburg “básicamente todo el barrio quedó bajo La Mesa de Los Ángeles a nivel nacional en Estados Unidos”, resume Smiley. La paz en el penal estaba comprometida y la tensión en el entorno se percibía, pero la habilitación de las visitas penitenciarias apaciguó las hostilidades. Tener contacto con gente de afuera y seres queridos disipó el coraje de muchos y benefició también el contrabando y tráfico ilegal de drogas, celulares y otros productos al interior. Comenzó una época que Smiley califica de festividad. “Ahí ya todo fue party, ya todo fue como fiesta. Todo el mundo pasaba tomando y vacilando”.

Con el paso de los meses, los pocos líderes de la Ranfla Nacional que estaban libres por México fueron cayendo ante las autoridades estadounidenses, como Crook. Eso propició que el liderazgo ejercido desde El Salvador sobre estados del litoral Este norteamericano se perdiera. Ahora La Mesa manda a la pandilla en todo Estados Unidos. “Estamos acoplados al programa Sur 13”, resume Clandestino, un pandillero que vivió en la Costa Este, pero que actualmente reside en México.

Para mediados de 2024, la promesa de los agentes de NGU se hizo realidad. El BOP removió cientos de sureños y carnales de algunos penales federales para llevar ahí a miembros de la MS-13 y despejar Lewisburg. La pandilla vivió encerrada en ese penal de marzo de 2022 a abril de 2024, donde por dos años entraron y salieron miembros, donde muchísimos abandonaron la pandilla para siempre. Siete cárceles federales fueron asignadas a la MS-13, de acuerdo con el exfuncionario federal. En el complejo Federal Correction Institution Yazoo, que comprende tres cárceles, se le asignó Yazoo City Low I y Yazoo City Medium, donde hay cerca de 40 mareros por cada nivel. También se les concedió otra de baja seguridad llamada Allenwood, en Pensilvania; dos de mediana seguridad, Beckley, en Virginia Occidental, y Schuylkill, en Pensilvania; y dos de alta seguridad, Big Sandy, en Kentucky, y Cannan, en Pensilvania.  “La MS-13 ahora tiene sus propias prisiones, donde viven alejadas de la mafia y los sureños”, sostiene el exfuncionario.

Actualmente la MS-13 no tiene alianzas criminales. Sobrevive como a inicios de la década de los noventa: aislados y bajo custodia protectora. Pasaron de ser una gran pandilla para el SUR a ser una pandilla relegada. Por su parte, Stoky, quien propició todo, está desahuciado por la MS-13 y por la eMe.

“Actualmente deben decidir si regresan a la mafia o no. La mafia espera que purguen a los suyos, incluyendo a quienes no les son leales y a quienes cometen delitos sexuales. Si tuvieran miembros que agredieran a sureños, estos dos tendrían que ser eliminados. La EME no necesita a la MS. Estaban bien sin ellos”, dice el ex servidor público a manera de conclusión y sostiene que tomará años encontrar una solución. Mientras esa paz no se dé, el Buró de Prisiones debe “mantenerlos a todos a salvo: Mafia, MS y sureños”.

La historia de la Mara Salvatrucha-13 no ha terminado de escribirse, pero todo apunta que los siguientes capítulos se escribirán desde donde comenzó todo: Estados Unidos.


*Esta publicación fue apoyada por el Programa de Becas 2026 de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES).