Esa costa que da hacia ese hermoso mar caribe es la parte más olvidada de nuestro istmo. Es la Centroamérica negra, la poblada por esclavos y trabajadores que vinieron de otras islas a trabajar en las bananeras, en el Canal, en las plantaciones de algodón y caña, en el ferrocarril. Llegaron de San Vicente, de Trinidad, de Jamaica, de Barbados. Fueron explotados y abandonados, dejados fuera de nuestras vidas nacionales.
Los negros centroamericanos, garífunas, creoles, antillanos, mantienen una lucha constante contra el despojo de sus tierras para proyectos turísticos, agroindustriales o del narcotráfico. Ya hemos hablado de esto en episodios anteriores de Malas Compañías. Pero hoy vamos a hablar de música.
En el caribe costarricense, que tiene por epicentro urbano Puerto Limón, echaron raíces comunidades creoles que encontraron su propio ritmo de vida en una rama musical que tiene por tronco las islas caribeñas. El calypso, un género desarrollado desde los tiempos de la colonia, ha servido allí donde se afinca no solo como expresión cultural o identitaria, sino también como noticiero de las comunidades, que cuentan sus eventos en canciones, o como expresiones de protesta contra los colonizadores, los explotadores o las autoridades nacionales.
Algunos críticos literarios aseguran que el calypso también ha dotado de estructura y de ritmo a la literatura caribeña, lo cual es natural.
En el caribe tico, en las playas y las plazas y los bares de Limón y Cahuita y Puerto Viejo es común ver a grupos de personas reunidas alrededor de bongoes, una guitarra o un banjo y un bajo de cajón, cantando en su inglés criollo sus lamentos alegres, si me perdonan la aparente contradicción, y celebrando su comunidad. Yo creo que el calypso, como otras expresiones culturales y culinarias del caribe, es patrimonio de nuestra América Central.
Para hablar del calypso tico he invitado a Manuel Monestel, músico, sociólogo y etnomusicólogo que lleva décadas estudiando el calypso o interpretándolo con su banda musical The Calypsonians.
Créditos:
Producción y edición editorial: Carlos Dada y Gabriela Cáceres.
Diseño de portada: Daniel Reyes.
Sonido y música: Omnionn

