Un familiar que pidió reserva de su nombre, por temor a represalias gubernamentales en el marco del régimen de excepción, cuenta en esta entrevista que Rafael se había endeudado para invertir en un molino, una tienda, y sembrar maíz y frijol en una parcela de su propiedad. El dinero que ganaba con esos pequeños negocios lo ocupaba para sobrevivir y comprar su medicina contra la insuficiencia renal que padecía desde 2009, junto a convulsiones derivadas de problemas cardíacos.
La Fiscalía acusó a Rafael de agrupaciones ilícitas, pese a que la pandilla lo amenazó “con dejarlo tirado en el patio” si se oponía a los saqueos. El 27 de mayo de 2022 fue trasladado del penal de Mariona al Hospital Zacamil. Cuatro días después, el primero de junio de 2022, a las 11:30 de la mañana, falleció por una cardiomiopatía, una enfermedad del músculo cardíaco que dificulta que el corazón bombee sangre al cuerpo.
La familia se enteró de la muerte de Rafael hasta el 8 de agosto de 2022, cuando pidieron los antecedentes penales en una oficina de Centros Penales en San Miguel. Para esa fecha, la familia ya había gastado $250 en dos paquetes de enseres carcelarios, los cuales Centros Penales recibió sin ningún reparo, pese a que Rafael ya estaba muerto.

